Capítulo veintitrés: Encuentros extraños.

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Podría hacer una larga lista enumerada de las razones por las que accedí a venir a hacer unas compras a la ciudad vecina con Gautier y Karina tres días antes de iniciar clases en el instituto pero, sin lugar a dudas, de esa lista sólo destacaría una sola y simple razón:

No quería quedarme en casa sola, auto-compadeciéndome de mí misma por cosas que debería superar de una vez por todas.

Así que, aquí estaba yo; haciendo un mal tercio con mi mejor amigo y su novia, mientras nos paseábamos por una tienda de comestibles a la que ellos querían venir.

Sí, Gautier y Karina finalmente habían comenzado a salir en cuanto se reencontraron estas vacaciones. Ahora, además de tener a un amigo “experto” (según él mismo) en sexo, también tenía a una chica con quien conversar casi todas las tardes. La parte mala era que, si me quedaba en la sala mientras ellos se iban a “hablar” en el cuarto de Gautier, me estaba condenando a escuchar una sesión de sonidos bastante desagradable que nadie en su sano juicio quisiera escuchar.

Al menos que se tratase de una persona morbosa y pervertida. Y como yo no soy la primera, y no tengo tanto de lo último...

Después de muchas demostraciones de cariño público entre ellos, decidí decirles que yo me iría a otro pasillo para ver unas cosas y me alejé de allí antes de que me viese obligada a tomar una de las papeleras y descargar mi delicioso almuerzo en ella.

Caminé mientras pensaba en todo lo que me había pasado en los últimos meses del año anterior.

Nos mudamos a muchos kilómetros de donde vivíamos, de manera inesperada.

Mi mejor amigo y yo comenzamos a vivir bajo el mismo techo.

Conocí al chico de mis sueños, literalmente.

Hice amistad con dos chicos maravillosos que no cambiaría por nada, ni por nadie, del mundo.

Mi madre se convirtió en una completa desconocida para mí.

Ya casi ni hablo con mi hermana menor.

Tuve varios besos, después de haber sido “labios vírgenes” por diecisiete años y algunos meses.

Mi mejor amigo, que era un alérgico al amor, inició una relación amorosa antes que yo.

Y al chico más idiota del mundo, que al final me terminó rompiendo el corazón…, varias veces seguidas.

En ese último punto me preguntaba quién de los dos era más idiota. Si él, por comportarse como lo hacía, o yo, por permitir que su actitud me afectara.

Supongo que, a final de cuentas, toda esas estupideces que me habían dicho muchas veces acerca “amor” era cierto; no sólo te volvía ciego y sordo, sino también mucho más idiota.

No entendía cómo todo esto pudo pasarme: siempre había sido una chica centrada, decidida, tranquila, cuidadosa, inteligente y con bastante claridad mental. Sin embargo, había dejado que un imbécil conquistara mi corazón y que mi chico ideal sufriera por mi culpa.

Porque, aunque Mark nunca lo admita ni hable al respecto, sé que toda esta situación lo afecta a nivel emocional. Él está intentándolo y haciendo todo lo posible para estar junto a mí, mientras no puedo decidirme por él por miedo a lastimarlo.

Si comienzo a salir con él, sin estar segura acerca de mis sentimientos, podría terminar haciéndole mucho más daño y Mark no se merecía nada de eso; él no había hecho nada para merecer que yo lo lastimase de ese modo.

¡Dios, qué idiota podíamos llegar a ser las chicas en estos temas del amor!

Si analizara la situación desde una tercera persona, no dudaría ni un segundo en elegir a Mark, digo, es la junta perfecta de bondad, amabilidad, carisma y romanticismo (y de paso también lee, que es algo tan fenomenal que me sigue impactando). Mientras que Michael era…, pues era simplemente Michael, no existían palabras en el mundo que pudiesen definirlo; su personalidad eran tan complicada que a veces pensaba que ni él mismo se entendía.

Designada ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora