—¿Entonces no fuiste al instituto porque te quedaste revisando el cuarto que había sido de Jackson y, como no conseguiste nada, ahora quieres que yo lo revise para ver si encontramos algo? —pregunté nuevamente, de manera más calmada.
—Sí, ya te lo he dicho un millón de veces, niñita —respondió el idiota un poco irritado, aunque también se veía más aliviado. No podía culparlo, al principio me puse histérica y mis nervios se dispararon sin control (como si nunca lo hicieran), llegué hasta el punto de gritarle que debería ser más caballero y él no se quedó atrás en cuanto a discusiones.
Luego de que me había explicado todo, comencé a hacerle preguntas, sólo para asegurarme de que no se me había escapado ningún detalle, y él comenzó a tranquilizarse, puesto que le había hecho enojar.
—Bien, ¿y cuál es el plan? —Me interesé, girándome un poco, en mi asiento, para poder ver su perfil de frente.
Michael soltó un suspiro cansado y cerró los ojos con pesadez, provocando que le asestase un golpe en el brazo. Abrió los ojos de golpe y se giró a verme estupefacto.
—¡Los ojos en el camino! —exclamé horrorizada, haciendo que volviese la cabeza a la carretera y rodase los ojos.
—Nunca puedes dejar nada correr por su cuenta ¿verdad, niñita? —preguntó, aunque ambos sabíamos la respuesta a eso.
—No —contesté de todas formas—. Ahora responde a mi pregunta.
—El plan es llegar a mi casa, presentarte a mi madre, comer algo y luego revisar la habitación de Jackson —contestó con tranquilidad.
Solté un suspiro de alivio. Eso se escuchaba fácil. Llegar a su casa y… ¡un minuto!
—¿Conocer a tu madre? —pregunté en voz baja, sintiendo un escalofrío con tan sólo pensar en eso—. ¡Jamás dijiste que tendría que conocer a tu madre!
Michael se encogió un poco en su asiento ante mi repentino grito y me lanzó una mirada furiosa.
—¡Deja de gritar, demonios! —Gritó, y al percatarse de ello, bajó el tono de su voz—: Sí, tendrás que conocer a mi madre. Irás a mi casa y ella siempre está allí, sería imposible entrar sin que se percate de nuestra presencia —respondió—. Además, no veo cuál es el problema, tarde o temprano esto pasaría.
Dejé mi reciente malestar a un lado al escuchar sus palabras, dándole paso inmediato a una curiosidad inmensa.
—¿Cómo que “tarde o temprano pasaría”? —interrogué utilizando sus palabras. Se encogió de hombros, sin mostrar la más mínima importancia al respecto.
—Había estado pensando en presentártela desde hace un tiempo —contestó tranquilamente. Lo miré anonadada y él frunció el ceño, sin apartar la vista de la carretera—. Vamos, no me mires así. Es algo normal, no es como si fuese a buscar su aprobación para pedir tu mano en sagrado matrimonio —contestó con sorna—. No te creas tan afortunada, niñita.
El tono sobrecargado de arrogancia provocó que lo fulminase con la mirada y que algunos pensamientos asesinos se arremolinaran en mi mente. ¿Cómo se atrevía?
—No me refería a eso, idiota —aseguré con los dientes apretados. ¿Yo? ¿Buscar la aprobación de su madre para casarme? ¿Con él? ¡Ja! Si pensaba eso necesitaba ir a una consulta con un psiquiatra urgente—. Por cierto, ¿algún día dejarás de llamarme niñita? Es irritante.
Detuvo el auto y miré con temor hacia el frente para encontrarme con una preciosa casa color mostaza ante mí. Constaba de dos pisos y muchos metros cuadrados. Se veía bastante lujosa y no pude evitar sentirme aterrorizada, ya sabía de antemano que la familia de Michael tenía dinero —bastaba con ver su auto para saberlo—, pero eso no evitó que mi estómago se volviera un nudo. Demonios, esto iba a ser más difícil de lo que pude llegar a pensar.
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Designada ©
Romance"No hay casualidad, sino destino. No se encuentra sino lo que se busca y se busca lo que está escondido." -Ernesto Sábato. Obra registrada en Safe Creative baj...
