Capitulo 17

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Narra Josué.

Días después...

Han pasado varios días desde mi salida con mi hijo y mi prometida. Aquel día marcó un antes y un después. Ahora, la distancia con mi hijo se ha reducido, y la frialdad que Nicaury y yo compartíamos se ha derretido por completo. Ya no hay discusiones; ahora hay un entendimiento silencioso que florece entre nosotros.

Nicaury no es una mala persona. A pesar de su carácter, he descubierto que tiene un lado divertido y amigable. Es verdad que es difícil, pero creo que la clave está en tenerle paciencia... Y por suerte, a mí no me falta.

—Señor, su madre lo espera en la sala de estar —dijo un empleado, interrumpiendo mis pensamientos.

—Gracias —respondí, y me levanté para ir a su encuentro.

Mi madre estaba sentada junto a Jadet. Su cabello rojo era casi una provocación. No me gusta nada Jadet; es la persona más presumida y molesta que he conocido. A mi madre siempre le gustó para mí, pero mi padre, por suerte, optó por Nicaury.

—Buenas tardes —dije, sin mucho entusiasmo.

—Hola, hijo. Mira quién vino a visitarnos —dijo mi madre, sonriendo.

—Hola, Jadet. ¿Cómo te ha ido? —pregunté, tratando de ser cortés.

—Mucho mejor ahora que te veo —respondió, con una mirada que me obligó a rodar los ojos.

Justo en ese instante, Nicaury y mi hijo entraron en la sala.

—¡Papá! —gritó mi pequeño, corriendo hacia mí. Lo abracé con fuerza y le di un beso.

—Hola, campeón... Hola, amor —dije, acercándome a Nicaury. Le di un beso rápido en los labios, casi un roce, y la vi sorprenderse. Le susurré: —Solo sígueme la corriente.— Me alejé de ella, le sonreí, y ella entendió al instante

—Hola, amor. Oye, cariño, tengo que mostrarte algo. ¿Me acompañas? —preguntó, siguiendo el juego.

—Por supuesto.—

—Pero hay visitas, ¿eso no puede esperar? —preguntó mi madre con un tono de fastidio.

—No, no creo que nos tome ni un segundo. ¿Verdad, amor? —dije, mirando a Nicaury. Le hice un guiño, y ella captó la indirecta.

—Ni un segundo. Es algo de vida o muerte —dijo ella, con una seriedad exagerada.

Salimos de la sala de estar y nos dirigimos a paso rápido hacia el comedor.

—¿De qué me perdí? —me susurró, con una sonrisa.

—Esa chica, Jadet, es una molestia profesional. Mi madre quería que me casara con ella y, al parecer, la pobre sigue creyendo que el pastel de bodas es para ella. Necesito que me ayudes a despacharla. Quiero que esa mujer esté lo más lejos posible de mí. ¿Me ayudas? Te lo pagaré.

—Está bien... lo haré —dijo, cruzándose de brazos y con una sonrisa pícara—. Pero si aceptas salir a una cita conmigo este fin de semana.

—¿Una cita? ¿Y a dónde, a la Luna? —pregunté, bromeando.

—Aún no lo sé. Te lo digo después. Ahora voy a llevar a este pequeño a bañarse, huele a travesuras. Vuelve con tu visita, corazón —me dijo, dándome un empujón cariñoso.
Solté una carcajada. Esta chica definitivamente estaba loca, pero me encantaba. Ella se fue con mi hijo subiendo las escaleras, y yo volví a la sala.

—¡Ya volví! —anuncié, sentándome en el sofá como si no hubiera pasado nada.

Narra Nicaury.

—Papá está loco —dijo el pequeño Derek.

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