Narra Josué
Nicaury salió del comedor, con el rostro cubierto de lágrimas. Su partida dejó un silencio tenso, un silencio que yo rompí de inmediato.
—Ahórrate tus comentarios, Jadet —dije, y mi voz era tan fría que me sorprendió a mí mismo. La miré fijamente, mis puños se cerraron debajo de la mesa. —Y no vuelvas a faltarle al respeto a mi prometida.
—¡Fea eres tú! —exclamó la voz de Derek, y una oleada de orgullo me inundó. Era mi hijo, defendiendo a la mujer a la que le tiene cariño.
—Derek, ve y hazle compañía a Nicaury. Asegúrate de que esté bien —le dije, con una sonrisa sincera.
—Hijo, ¿cómo permites que tu hijo te responda de esa manera? ¡Es una falta de respeto! —dijo mi madre, indignada.
—Es mi hijo, madre. Y lo crío para que sepa defender a quienes quiere —le respondí, sin romper el contacto visual con Jadet. Su expresión de fastidio me dio una extraña satisfacción. —Con su permiso, tengo algo más importante que hacer.
Me levanté de la mesa. El ruido de mi silla al moverse fue la señal para que todos me observaran. Lancé una última mirada a Jadet, una advertencia, y luego salí del comedor a toda prisa, con la única intención de encontrar a Nicaury.
Salí del comedor y me dirigí a la recámara de Nicaury. Al entrar, vi a la nana Rachel cubriéndola con una manta. Nicaury estaba dormida, acurrucada junto a mi pequeño hijo. La escena me partió el alma.
—¿Ella está bien? —pregunté en voz baja.
—Sí, majestad. Pero, ¿qué pasó? No quiso explicarme nada, estaba muy alterada —dijo Rachel, acercándose a mí con una mirada de preocupación.
—Venga, se lo explico —dije, y la invité a salir para hablar a solas.
Horas después, nos encontramos en el jardín, sentados en una banca junto a la fuente. Ya le había contado todo a la señora Rachel. La tristeza en su mirada era un reflejo de mi propia impotencia.
—Nicaury llegó muy afectada a la recámara, llorando. Hacía mucho tiempo que no la veía tan alterada —dijo con la voz entrecortada.
—¿A qué se refiere con "hace mucho tiempo"? —pregunté, sintiendo que había un pasado que desconocía.
—Bueno... Le diré esto porque usted me agrada y sé que no tiene maldad en su corazón. A pesar de la madre que tiene, claro —dijo, y yo solté una carcajada. Tenía razón; aunque quería a mi madre, a veces era insoportable.
—Está bien, este secreto estará bien guardado —le aseguré, sintiendo que la confianza entre nosotros crecía.
— La niña Nicaury siempre fue muy especial. Extrovertida, juguetona... Era la alegría del castillo —comenzó la señora Rachel, su voz cargada de nostalgia—. Se llevaba bien con todos, en especial con su madre, la reina Elizabeth. A pesar de amar a su padre, la relación con la reina era su mayor fortaleza.
La señora Rachel se detuvo, como si el recuerdo fuera demasiado doloroso.
—Cuando la reina Elizabeth murió, Nicaury cambió. Su brillo, esa alegría que contagiaba a todo el castillo... todo se apagó. De una niña extrovertida, se convirtió en una joven problemática y rebelde. Tenía quince años cuando su madre murió, y ese mismo año empezó a beber. La relación con su padre se destruyó.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Después de un tiempo, ella misma tomó la decisión de cambiar. Buscó ayuda profesional y logró dejar el alcohol. Su relación con el rey se recuperó, y la felicidad volvió a su vida. Pero... —Rachel hizo una pausa, su voz rota, a punto de romperse en llanto—. Esos periodistas... son una plaga. Cuando llegan, es para dañar la vida de quien sea. Empezaron a publicar artículos hirientes sobre ella. Y aunque Nicaury decía que no le afectaba y se hacía la fuerte, yo la encontraba llorando en las noches, a solas.
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Acepto
Roman d'amourUn simple - Acepto.- Pronunciado con convicción o quizás con una mezcla de nerviosismo y esperanza, tiene el poder trascendental de redefinir el curso de una vida por completo, abriendo las puertas a un futuro antes inimaginable.
