Narra Nicaury
— ¡Dios, qué hice para merecer esto! —murmuré, con la mirada fija en el techo abovedado del comedor, sintiendo el peso de mis propias decisiones. ¡Estas personas son dementes! —Exclamé, o más bien grité, la frustración burbujeando en mi pecho. Extrañaba desesperadamente a mi hermano.
Aunque él siempre se molestaba por mis "idioteces", jamás me había abandonado a mi suerte.
— Dios, te prometo que seré una niña buena si me sacas de este infierno.—dije en voz alta, sabiendo en el fondo que era una mentira descarada. Bueno, era solo un intento de negociación con el destino.
—Creo que Dios aceptará eso —dijo Rachel, su voz tranquila rompiendo el silencio y haciéndome saltar. Entró al comedor con una serenidad que contrastaba con mi tormenta interna.
—¡Rachel! Me asustaste, ¿desde cuándo estabas ahí? —pregunté, llevándome una mano al pecho. ¡En serio, el susto fue mayúsculo!
—Desde que el príncipe salió —respondió ella, acercándose lentamente. Yo solo atiné a tomar un vaso de agua, intentando calmar mis nervios y disimular el sonrojo de mis mejillas.
—¿Sigues enojada conmigo? —me atreví a preguntar, mi voz apenas un susurro. La culpa me carcomía.
—No estoy enojada, Nicaury, sino un poco decepcionada —dijo, y esas palabras me golpearon con más fuerza que cualquier regaño. Fue como si un camión me pasara por encima, dejándome sin aliento, con una punzada aguda en el corazón. Me sentía la criatura más miserable del mundo.
—Lo siento —apenas pude pronunciar esa palabra. Las palabras se atascaban en mi garganta. No encontraba la forma de remediar mi error, no había vuelta atrás para lo que había hecho. El arrepentimiento era una carga pesada.
—Ya te dije, pequeña, no estoy enojada... Tranquila, se me pasará —dijo ella, intentando restarle importancia, pero yo sabía que mis acciones tenían consecuencias.
.—¡Nana Rachel, yo en verdad lo siento! ¡Perdón, perdón! —exclamé, incapaz de contenerme. Me levanté de la mesa de un salto y corrí hacia sus brazos. Me recibió con ese amor incondicional que solo ella sabía dar, sus brazos rodeándome en un abrazo reconfortante.
—Tranquila, mi amor, estoy aquí para ti —dijo, mientras acariciaba mi cabello con ternura, un gesto que siempre me transmitía paz.
—Te amo, Rachel —le dije, sintiendo cómo una lágrima solitaria se deslizaba por mi mejilla.
—Yo también, pequeña —respondió, y en ese momento, el mundo no parecía tan terrible.
Días después...
—¡Dereck, no se vale! Sal de abajo de la cama, ¡ya te vi! —grité, mi voz resonando entre risas. Estábamos en medio de una intensa partida de las escondidas.
—Oh, no —murmuró Dereck, arrastrándose con resignación de su escondite bajo la cama.
En ese instante, la puerta se abrió y apareció la señora Rachel. Su voz, siempre práctica, nos interrumpió:
—Chicos, es hora de comer.— Dereck y yo intercambiamos una mirada cómplice, y sin pensarlo dos veces, salimos disparados de la recámara. Los gritos de Rachel nos siguieron: —¡Cuidado con las escaleras!..
Pero ya era muy tarde. Mis pies se enredaron en mi propia prisa, y sentí el inevitable tirón de la gravedad. Cerré los ojos, preparándome para el impacto, el golpe doloroso que nunca llegó. En cambio, una fuerza firme me detuvo.
Abrí los ojos lentamente, la confusión dando paso a la sorpresa. Era Josué. Me sostenía con una facilidad desconcertante, sus brazos rodeándome mientras una sonrisa, demasiado perfecta y estúpida, se dibujaba en su rostro.
ESTÁS LEYENDO
Acepto
Storie d'amoreUn simple - Acepto.- Pronunciado con convicción o quizás con una mezcla de nerviosismo y esperanza, tiene el poder trascendental de redefinir el curso de una vida por completo, abriendo las puertas a un futuro antes inimaginable.
