Narra Nicaury
Ha pasado un mes desde el incidente con el pequeño Dereck. El castillo ha estado extrañamente tranquilo, excepto por mis habituales roces con la Reina Anne. Es normal, esa mujer y yo no nacimos para convivir en el mismo espacio. Por otro lado, la relación con Josué se ha fortalecido. Hemos comenzado a salir de manera más formal y él es tan dulce y atento que me hace sentir muy especial.
— ¡Mamá, mamá! — La vocecita de mi angelito me saca de mis pensamientos. Miro hacia donde viene el sonido y veo a Dereck correr hacia mí. Se lanza a mis brazos, lo sostengo y lo siento en mis piernas.
— Mi amor, no debes correr. Podrías volver a lastimar tu brazo — le digo con suavidad. Él me mira y sonríe.
— No va a pasar nada, mami. El doctor dijo que ya estoy bien — comenta, cruzando sus pequeños brazos. La forma en que sonríe, sus gestos... es una copia perfecta de su padre.
— Aun así, debes tener más cuidado. Ahora, mi amor, ¿qué necesitas? — pregunto.
— Papá te mandó a buscar. Él y Maléfica quieren hablar contigo — dice. Asiento.
— ¡Vamos a ver qué quieren tu padre y esa bruja! — exclamo. El pequeño se baja de mis piernas y yo me levanto de la banca en el jardín. Caminamos de regreso al castillo. Al entrar, nos dirigimos a la sala. Cuando llegamos, veo a Josué, a su madre y a la organizadora de nuestra boda, que ha estado aquí toda la semana.
— Aquí estoy —anuncié, y el eco de mis palabras pareció llenar la sala. Josué levantó la mirada, sus ojos se iluminaron al verme. Me hizo una seña, invitándome a sentarme a su lado en el sofá. Obedecí, sintiendo cada paso sobre el mármol, como si la sala entera me estuviera juzgando. Al llegar, me senté y él no tardó en entrelazar nuestros dedos, su pulgar acariciando mi piel. Era un pequeño gesto de apoyo que agradecí infinitamente. Dereck no se sentó conmigo esta vez; subió con familiaridad al regazo de su padre, sintiéndose seguro allí.
— Bueno, ahora que estamos todos, podemos empezar a hablar de la boda —dijo Sara, la organizadora, con una voz aguda y una sonrisa que no le llegaba a los ojos—. Necesito que me cuenten hasta el último detalle, para que todo salga perfecto.
Un silencio incómodo se instaló. Había algo en el aire que me hacía sentir prisionera. Tomé una respiración profunda, mirando a todos en la sala.
— ¿Puedo hablar? —pregunté, sintiendo un nudo en la garganta. No era una simple pregunta, era un ruego silencioso por ser escuchada.
Josué apretó mi mano, su mirada tranquilizadora. — Claro, hermosa. Es tu boda también.
Respiré hondo, reuniendo el valor.
— Yo... yo solo quería pedir que fuera algo familiar. Nada grande. ¿Podríamos hacer la ceremonia y una pequeña cena aquí en el castillo? Algo íntimo... —dije, sintiendo cómo las palabras salían con dificultad. Apenas terminé de hablar, la mirada de la reina Clarisse se clavó en mí. Sus labios se fruncieron en una delgada línea, y su desaprobación fue tan clara como el cristal.
De repente, una voz fría y venenosa rompió la tensión.
— Mi hijo no se merece cualquier cosa. El futuro rey de este país merece algo maravilloso, una boda que refleje su estatus —comentó Maléfica, su tono gélido.
La sangre se me heló. Era ella. Había estado esperando la oportunidad perfecta para soltar su veneno.
— Mamá, por favor, no empieces —intervino Josué, su voz firme y calmada, pero con un filo de advertencia—. Me gusta la idea de Nicaury. De hecho, estaba pensando en algo así.
Su defensa me hizo sentir un alivio inmenso. La batalla había comenzado, y aunque no estaba sola, el camino para conseguir lo que deseaba iba a ser mucho más difícil de lo que imaginaba. La guerra por mi boda, y mi futuro, acababa de empezar.
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Acepto
Roman d'amourUn simple - Acepto.- Pronunciado con convicción o quizás con una mezcla de nerviosismo y esperanza, tiene el poder trascendental de redefinir el curso de una vida por completo, abriendo las puertas a un futuro antes inimaginable.
