Narra Nicaury
El día siguiente
Me encontraba enfrascada en una animada partida de videojuegos con el joven Dereck.
—¡Dereck, eso no es justo! Has hecho trampa —exclamé, dejando el control sobre la cama, un gesto de frustración apenas disimulada.
Él, con la inocencia y el atrevimiento propios de su edad, replicó al instante: —No me atribuyas la culpa; simplemente, no dominas el juego.—
En ese momento, una voz familiar resonó desde el umbral. —Hola —saludó Josué, y ambos dirigimos nuestra mirada hacia la entrada de la habitación.
—Hola —respondimos al unísono, casi como un eco.
—¿Tendrían a bien acompañarme al centro comercial? —consultó Josué con una amable sonrisa. Mis ojos se posaron de inmediato en Dereck; sus ojos brillaron con una expectación palpable mientras observaba a su padre.
—Sí, por favor, padre, si su agenda se lo permite —añadió el niño, su voz cargada de ilusión.
—Por mi parte, no hay inconveniente alguno. —Respondí— Solo permítanme cambiarme a algo más apropiado. —añadí, consciente de que mi atuendo actual, un vestido y tacones, no era el más idóneo para una salida informal.
—De acuerdo. Los aguardaré abajo —dijo Josué, y con una leve inclinación de cabeza, se retiró.
Apenas se hubo marchado, Dereck se abalanzó sobre mí en un espontáneo abrazo. —¡Gracias! —exclamó con una gratitud desbordante.
—¿A qué se debe tal agradecimiento, pequeño? No he hecho nada extraordinario —pregunté, algo sorprendida por su efusividad.
— Claro que sí. Desde su llegada, mi padre es otro hombre... Gracias —insistió, y antes de que pudiera replicar, depositó un rápido beso en mi mejilla y salió corriendo de la recámara con una ligereza juvenil. Recuperada de la sorpresa, me levanté y me dirigí a mi propia habitación.
Seleccioné unos pantalones cortos con un delicado estampado floral y un suéter negro de cuello alto en un tono azul vibrante, complementándolos con unas zapatillas deportivas del mismo color que el cuello del suéter. Recogí mi cabello en una elegante cola de caballo, dejando algunos mechones sueltos enmarcando mi rostro, y tomé mi pequeña mochila negra adornada con flores. Lista para la ocasión, me encaminé hacia la planta baja.
Lista para la salida, descendí al gran salón, donde el Príncipe Josué y el joven Príncipe Dereck estaban enfrascados en una animada charla.
l—Ya estoy lista, altezas —anuncié, y noté cómo la mirada del Príncipe Josué se posaba en mí con una intensidad que me desarmó por un momento.
El pequeño Dereck, con la franqueza que tanto lo caracterizaba, corrió a mi encuentro y me envolvió en un abrazo. —¡Nic, te ves muy bonita! —exclamó con su voz aguda.
—Gracias, mi príncipe —respondí, depositando un suave beso en su frente.
—Se ve usted deslumbrante —comentó Josué, y sentí de inmediato el calor ascender a mis mejillas. ¡Me había sonrojado! ¡Por todos los cielos! ¿Qué me está sucediendo? ¿Es posible que los comentarios de un príncipe me hagan perder la compostura de esta manera? —pensé con un dejo de desesperación.
—Gracias —logré susurrar, sintiendo que mis palabras se atascaban en la garganta.
—Entonces, pongamos rumbo a nuestra aventura —dijo Josué con una leve inclinación de cabeza. Al abandonar las puertas del castillo, un automóvil nos aguardaba, con el fiel chófer Máximo de pie junto a él.
—Máximo, hoy seré yo quien esté al volante. Por favor, acompañe a los guardias en otro vehículo —indicó Josué, con la autoridad que le era natural. El chófer, sin más dilación, asintió, le entregó las llaves del vehículo y procedió a cumplir con la orden.
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Acepto
RomanceUn simple - Acepto.- Pronunciado con convicción o quizás con una mezcla de nerviosismo y esperanza, tiene el poder trascendental de redefinir el curso de una vida por completo, abriendo las puertas a un futuro antes inimaginable.
