NARRA JOSUÉ
Hace algunas horas, Nicaury salió del castillo. La noche había caído, y ahora, una lluvia torrencial se había desatado. Me sentía inquieto. Todo esto era un caos, y para ser honesto, me sentía terrible por Nicaury. Ella no se merecía nada de lo que le había pasado, ni el dolor que sentía, ni la humillación que sufrió.
—Starling, ¿por qué no me dijiste nada? —preguntó el rey Richard, su voz era un susurro de reproche.
—Ahora no es momento para eso —respondió Starling, con una urgencia que no pude ignorar—. Lo único que importa es encontrarla. Los guardias ya han buscado en todos los bares de la ciudad. Ella no está en ninguno de ellos.
—¿No hay otro lugar a donde pueda haber ido? —pregunté, sintiendo que la desesperación me invadía.
—Sí, lo hay —dijo Starling. Su voz se quebró un poco—. El cementerio. El lugar donde enterramos a mamá.
—Vamos —dije, sintiendo que no había tiempo que perder.
—Yo voy —dijo Richard, levantándose del sofá.
—Creo que es mejor que te quedes aquí —dijo Starling, con una firmeza que me sorprendió. La ira y la preocupación se apoderaban de él, y era evidente que no quería a su padre cerca.
Starling y yo salimos del castillo y nos dirigimos a un auto. En menos de 45 minutos, llegamos al cementerio. La lluvia golpeaba el techo del auto con fuerza, y Starling salió corriendo sin dudar. Yo lo seguí de cerca, sintiendo cómo el agua helada me empapaba al instante.
Corrimos entre las tumbas hasta que la vimos. Nicaury estaba sentada frente a una lápida, con la cabeza gacha, la silueta de su cuerpo temblaba con cada sollozo. Starling se acercó a ella, pero ella lo ignoró por completo.
—Nicaury, vamos a casa —dijo Starling, con voz suave, mientras le tomaba la mano.
—No, déjame —respondió ella, su voz ronca y quebrada por el llanto.
La paciencia de Starling empezó a agotarse. —Nicaury Elizabeth Dulcan, hazme caso —dijo, su tono se volvió una orden.
—¡DÉJAME! —gritó, y su grito se perdió en el sonido de la lluvia.
—Déjame a mí. Ve al auto —dije a Starling, que estaba tan furioso que parecía a punto de estallar. Él resopló y se alejó.
Me puse en cuclillas frente a Nicaury.
—Hola, princesa. El resfriado te va a venir bien para recordar que no eres inmune a las cosas de los mortales, ¿sabes? —dije, tratando de disimular la preocupación que sentía.
Ella me miró con una mirada fría, pero no dijo nada.
—Ya en serio. Deberías volver, tu padre está muy, muy preocupado —añadí, con un tono sarcástico.
—¿En serio? ¡Qué gran padre! —dijo ella, con amargura.— Está bien, regresaré. Pero si me obliga a hablar con él, le voy a decir un par de verdades —dijo, mientras intentaba levantarse.
Justo en ese momento, sus ojos se cerraron y su cuerpo se desplomó en mis brazos. La cargué y la llevé al auto. Los dos estábamos empapados.
—¿Qué sucedió? —preguntó Starling, con el pánico en su voz.
La coloqué en la parte de atrás, su cabeza descansando en mis piernas. El viaje de regreso fue silencioso, pero la tensión era palpable.
—Nicaury, despierta —dije, acariciando su rostro, mientras la limusina se dirigía de regreso al castillo. Su piel estaba pálida y fría, y yo sentía que el pánico se apoderaba de mí.— Despierta pequeña por favor.—
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Acepto
RomanceUn simple - Acepto.- Pronunciado con convicción o quizás con una mezcla de nerviosismo y esperanza, tiene el poder trascendental de redefinir el curso de una vida por completo, abriendo las puertas a un futuro antes inimaginable.
