Narra Nicaury.
-—Niños, escúchenme bien —dije, tratando de mantener la calma— Hoy es la coronación de su tío, así que deben portarse impecablemente. No quiero ver ni una sola mancha en sus trajes. Y eso va para ti también, Josué —señalé a mi esposo con el dedo, ya conociendo sus travesuras.
—Tranquila, amor. Los chicos se van a portar bien, ¿verdad, mis amores? —mi esposo preguntó con una sonrisa, y los niños asintieron al unísono.
Nos sentamos en nuestros asientos asignados. A decir verdad, yo estaba un poco nerviosa. Aunque mis hijos tienen caritas de ángeles, sé bien que son un par de diablillos.
—Pónganse de pie para recibir al rey Richard y al príncipe Starling Dulcan —anunció el maestro de ceremonias.
Todos nos pusimos de pie. Mi padre y mi hermano entraron y se colocaron frente al trono. Mi padre tomó la palabra.
—Gracias, gracias por estar aquí hoy —dijo con voz firme—. Como verán, hoy habrá un cambio importante. Para mí, ha sido un gran honor dirigir a nuestra nación durante estos largos años. Todos saben que soy un hombre de pocas palabras, así que seré breve. En este momento, mi hijo Starling Dulcan queda a cargo de esta nación.
Se giró hacia mi hermano.
—Starling, hijo, ¿juras y prometes velar por el bienestar de tu pueblo?
—Lo juro —respondió mi hermano, con la mirada puesta en su padre.
—Por el poder que se me concede, te nombro mi sucesor y nuevo rey —dijo mi padre, colocándole la corona.
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Horas más tarde, el bullicio de la coronación se había transformado en la elegancia de un baile de gala. El salón estaba adornado con luces doradas, y la música llenaba cada rincón. A pesar de la fatiga, una sonrisa se dibujó en mi rostro al recordar el desfile. Ver a mi hermano, Starling, en su nuevo rol de rey, y el fervor de la gente, me transportó a mi propia coronación, una memoria que atesoro.
—¿Hermanita, bailas conmigo? —la voz de Starling me sacó de mis pensamientos. Acepté sin dudar, y nos perdimos en la pista de baile.
—Te he extrañado, pequeña —dijo, su voz era un susurro cerca de mi oído.
—Yo también, Starling —respondí.
—Y bien, ¿Josué te está tratando como la reina que eres? —preguntó con una risa, pero sus ojos buscaban una respuesta sincera.
—Mejor de lo que jamás pude haber soñado —mi voz se quebró un poco por la emoción—. Él es mi todo, mi pilar. Lo amo con cada fibra de mi ser, y no me arrepiento de haberle dicho que sí.
Mis mejillas ardían. Me sentía una adolescente sonrojada. Mi hermano me miró con ternura.
—Me alegra mucho, Nicaury... oh, oh —dijo, de repente, con un tono de preocupación que me heló la sangre.
—¿Qué pasa? —pregunté, sintiendo un escalofrío.
Me separé de sus brazos y seguí su mirada. Al otro lado del salón, el aire tranquilo de la fiesta se había hecho pedazos. Ahí estaba Josué, mi esposo, tratando de separar a Dereck, mi hijo, de otro niño. En medio del caos, mi pequeña hija, con sus ojos llenos de lágrimas, me buscaba con la mirada.
El pánico se apoderó de mí. Corrí, sin importarme el vestido, los tacones, ni la etiqueta real. Mi hermano venía pisándome los talones.
—Dereck, ¡ya! Te vas a meter en problemas —escuché la voz severa de Josué.
—¡Mami! —mi hija se soltó y corrió hacia mis brazos.
Josué finalmente logró separar a Dereck del otro niño, pero mi hijo se liberó de su agarre y salió furioso del salón, como un vendaval.
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Acepto
Roman d'amourUn simple - Acepto.- Pronunciado con convicción o quizás con una mezcla de nerviosismo y esperanza, tiene el poder trascendental de redefinir el curso de una vida por completo, abriendo las puertas a un futuro antes inimaginable.
