Narra Nicaury
— Pervertido no, mi amor. Solo tengo mis encantos —dijo, acercándose a mí.
—¿Ah no? —pregunté, y lo miré a los ojos. El agua estaba helada, y la lluvia comenzaba a caer, pero lo único que sentía era su calor.
—No, mi amor —susurró, y me tomó de la cintura. Nuestros cuerpos estaban tan cerca que podía sentir su corazón latir.
—Yo... —no pude terminar la frase, porque sus labios se adueñaron de los míos. El beso era tan intenso que me hizo sentir que me iba a derretir. Mis manos se movieron a su cuello, y él me tomó de la cintura, levantándome un poco, y me pegó a la pared, y me volvió a besar.
—¡Está lloviendo y ustedes metidos en una piscina!—la voz de mi hermano rompió la burbuja en la que Josué y yo estábamos, una burbuja de agua, lluvia y risas. Josué y yo nos separamos de golpe, la sorpresa era tan grande que casi nos ahogamos con ella.
Mi hermano, con una sonrisa perversa que me hizo pensar que estaba planeando algo, añadió:—¡Ustedes no son un caso!—sus palabras sonaron como si hubiéramos cometido un crimen, no solo empaparnos bajo la lluvia.
—Hola, cuñado—Josué respondió, y vi que tenía la misma sonrisa cómplice que mi hermano. ¿Qué estaba pasando aquí? Me sentí fuera del chiste.
La diversión se terminó cuando mi hermano, el aguafiestas oficial de la familia, nos ordenó:—Salgan del agua, se van a enfermar. ¿No saben lo que es la neumonía?—
Josué, en un acto de heroísmo, salió primero y luego me tendió la mano. Me agarré de él como si mi vida dependiera de ello. El agua, que hasta hace un momento era nuestra aliada, ahora era pesada y fría. Con su ayuda, salí de la piscina. Me sentí como una sirena que de repente tiene que caminar.
—Entren por la parte de la cocina—dijo mi hermano, y yo solo pude asentir.
Entramos al castillo. Aún había gente por todos lados. Pasamos por el salón, donde la gente se reía y conversaba, mientras Josué y yo subíamos las escaleras, mojados y en silencio. Era un contraste tan grande que casi me dio risa. Al llegar a la parte de arriba, nos miramos y sin decir una palabra, cada uno se fue a su habitación. La aventura bajo la lluvia había terminado, pero la memoria de las risas, las gotas frías y las miradas cómplices se quedaría con nosotros.
No podía dejar de pensar en ese beso. Era un torbellino en mi mente, un dulce y delicioso remolino del que no quería salir. Sus labios suaves, el roce de su piel, sus ojos tan penetrantes… ¿Pero qué estoy pensando? ¡Esto no es normal! Mi mente se debatía en un caos de emociones. ¿No debería de gustarme? ¿O sí? ¡YA, BASTA! Nicaury, respira. Es solo un beso. No es el primero, no será el último, y él no es la gran cosa. O al menos, eso es lo que me digo a mí misma. Aunque no puedo negar que, de verdad, está muy bueno.
—Nicaury, hija, podemos habl… ¿Por qué estás tan mojada? —la voz de mi padre irrumpió en mis pensamientos, deteniendo la guerra que se libraba en mi cabeza.
—Me caí en la piscina —dije, sintiendo un rubor en las mejillas. La mentira salió de mis labios casi tan rápido como el latido de mi corazón—. ¿Me das un momento para quitarme esta ropa? Vuelvo en un momento.
No esperé su respuesta. Me dirigí al clóset, tomé la primera ropa seca que encontré y me metí al baño. Cerré la puerta, el clic fue un pequeño alivio. Me quité la ropa mojada, y sentí que la ropa pesada era como una vergüenza que se me pegaba a la piel. Me dediqué a secarme y ponerme la ropa limpia, intentando calmar mis pensamientos y mi corazón.
Al salir, mi padre estaba sentado en la cama, mirando su celular. Lo vi y me senté a su lado, lista para enfrentar cualquier cosa que tuviera que decir.
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Acepto
RomansaUn simple - Acepto.- Pronunciado con convicción o quizás con una mezcla de nerviosismo y esperanza, tiene el poder trascendental de redefinir el curso de una vida por completo, abriendo las puertas a un futuro antes inimaginable.
