Bryan estaba regresando a Arrowy, pero le asombró ver todo el desastre que ya se había generado gracias al ángel de la muerte. Bryan tenía una misión, una misión que aún no tenía manera de cumplirse. ¿Cómo alejas al ángel de la muerte del cuerpo de una mujer? Bryan no lo sabía pero encontraría el plan perfecto para que el ángel de la muerte saliera del cuerpo de la pobre mujer que ahora vagaba sin rumbo, perdida y asustada, las almas por primera vez estaban calladas, no peleaban por tomar el control del cuerpo, estaban muy silenciosas; recordemos que Legión fue quien poseyó a esta mujer, miles de almas fueron las que tomaron el cuerpo de la Arrower como un instrumento.
Bryan veía caminar a la pobre mujer, se le notaba perdida, con miedo, sola. Bryan como un Arcángel, sabía quien era la mujer pues ella era su misión y el Arcángel supo que tenía una oportunidad que valía oro al notar los sentimientos y emociones que más fuerte sentía la pobre mujer. Por primera vez, Bryan veía a la mujer tras Legión. Con cautela se acercó y notó que la mujer no veía su camino, así que sólo se puso en frente de ella y cuando ellos sintió la colisión de ambas cuerpos, empezó a deshacerse en disculpas, nerviosa.
—Lo siento tanto, no iba viendo mi camino... — Mientras se disculpaba, Bryan encontró en ella, en su voz, la esencia de la pureza y la transparencia. Con delicadeza, tomó con sus dedos, la barbilla de la mujer para verle el rostro. La mujer, nerviosa, desviaba la mirada sólo para no hacer contacto con los ojos del hombre que, aunque parezca extraño, la hizo sentir nerviosa y llena de dudas.
Bryan al ver los ojos de mujer pudo ver todos lo colores que representaban a las almas que se encontraban en el cuerpo de la mujer, notó que un color empezó a hacerse notar y rápidamente empezó a preguntar cosas pero sin parecer un loco.
—Tranquila, esto suele pasar... — Ella al escuchar la voz, sintió como un escalofrío bajaba por su columna vertebral y como su piel se erizaba. — ¿Cómo te llamas?
Cuando ella escuchó la voz del hombre, rápidamente sus ojos buscaron los de él y como si estuviese hechizada, respondía todas las preguntas, sin pensar, dándole información a la voz que la tenía atrapada.
—Soy Katy... —Cuando ella dijo su nombre, Bryan sonrió tomando el rostro de la mujer con ambas manos y acercándose demasiado, le habló tiernamente a la mujer, al ángel, al demonio.
—Prometo que te salvaré, estaré pendiente de ti, no intentes esconderte de mi, no huyas de mi. He venido sólo para salvarte de ti misma.
Diciendo esto, Bryan juntó sus labios con los de la mujer, que sólo pudo cerrar sus ojos al sentir como colisionaban dos mundos distintos pero muy necesarios el uno para el otro. Bryan notó que Katy no se transformaba, que el ángel de la muerte no tomaba el control, entonces siguió besando a la mujer, no al demonio que huía ni al ángel que se dedicaba a matar, besó a la mujer que tras ellos, luchaba para poder seguir besando al hombre que la atrapó.
Bryan bajó sus manos, pasando por el cuello, por los brazos, hasta llegar a la cintura de Katy, tomó con ambas manos la cintura y con un poco de fuerza, acercó más el cuerpo de la mujer hacia él. Katy, mientras tanto, se aferraba al cuello de su Salvador; lentamente empezaron a separarse y cuando los labios del arcángel ya no rozaban los labios de la mujer, el ángel de la muerte tomó el control del cuerpo, vio fijamente los ojos del hombre y se fue volando, rumbo a su tercera advertencia, Rubi Luna.
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Aquellos días
Fiksi PenggemarHay muchas historias por contar, vidas que narrar y amores por prolongar. No puedes enfocarte sólo en una historia, cuando hay miles que merecen salir a la luz. Historias con brillo propio, historias como luceros. Y eso lo saben ellas muy bien, un...
