Cambio.

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Llegaron a la casa de Arnold después de pasar por hamburguesas al bar de María en el cual extrañamente no estaba su prima.

-Aún no me queda claro el porque no este ahí.-dijo extrañada.

-Preguntale.-dijo Arnold estacionandose.

-Si, tal vez mañana.-dijo viendolo mientras él veía el retrovisor.

-Bien.-

Bajaron del auto y Arnold le enseño el edificio donde vivía.

-Me gusta, es chico, no hay tantos vecinos molestos.-señaló.

-En realidad en todo este tiempo solo me he topado con dos, un anciano y una mujer de unos cuarenta años. Es un edificio bastante silencioso.-se encogió de hombros y le abrió la puerta.

Subieron un piso y Arnold señalo la puerta.

-Es un lugar chico ¿sabes? No tuve tiempo de buscar y aunque me pagaban bien por la investigación de la flor no tuve tiempo de ahorrar porque yo...-hablaba rápido, un poco avergonzado y nervioso.

Helga levantó la mano para que parara y sonrió.

-No soy de las que juzgo donde viven las personas, Arnold, eso debes saberlo ¿si? No me importa en realidad, solo vengo a cenar.-sonrió mientras levantaba la mano con la bolsa de las hamburguesas y Arnold correspondió la sonrisa, mas tranquilo abrió e hizo que ella entrará primero, prendiendo la luz en el proceso.

El departamento era relativamente grande. Una pequeña cocina pegada a lo que vendría siendo una sala-comedor diminuta. Tenía dos muebles medianos y una pantalla plana de 32 pulgadas. Había dos puertas, una era el baño y otra el cuarto por obviedad.

-Me gusta.-dijo cuando notó que él la veía esperando aprobación.

-Sientate en el sofá, traeré platos.-

Ella no tuvo que caminar mucho para sentarse. Puso la bolsa de hamburguesas sobre la mesa y se estiró.

-¿Largo día?-preguntó Arnold poniendo los platos sobre la mesa y sentandose en el otro sofá.

-Algo así. ¿No prefieres el piso?-

-No tengo alfombra o... espera.- se paró y entró en la segunda puerta, esa era la habitación por lo que pudo ver. Cuando regreso tenía dos cojines negros. -Espero te gusten.-le dijo mostrandole el otro lado de ellos. El primero tenía una extraña flor tejida y el segundo un corazón.

-Son mas discretos que otros regalos que me has dado. Me encanta.-

-Bien ¿corazón o flor?-

-Flor.-contestó y él le tiro el cojin con suavidad.

Los dos se sentaron y sacaron las hamburguesas de la bolsa, empezando a comer.

-¿Entonces?-hablo el rubio.

-Día regular con muchas sorpresas. A que no adivinas quien me fue a ver a mi oficina en la mañana.-

Él hizo un gesto como que pensaba por un segundo pero luego rió un poco meneando la cabeza -No creo adivinar nunca ¿quien?-

-Alan Redman.-dijo mordiendo su hamburguesa.

Él quedo estático por un momento. Se había olvidado de Alan, no sabía como sentirse y aunque recordaba que le había prometido a la rubia que los celos no lo invadirían de nuevo no pudo evitar sentirse un poco celoso porque Alan había ido a verla.

-¿Arnold?-la sonrisa de ella era perversa -Bueno, te decía que almorcé con él.-

Y cuando dijo eso, Arnold aplasto su hamburguesa entre las manos haciendo reír a la rubia. 

Regresando a Inglaterra.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora