— Ella te ama. - Jennie besó a Lisa suavemente. – Y tú la amas. Deja de gruñir. – Lalisa agarró los hombros de Jennie y se inclinó hasta que Jennie pudo ver los ojos de Lisa.
— Escúchame, Prima. Yo soy la Alfa de esta Manada y elijo con quien me apareo. Mi lobo te elijo. Yo te elegí.
– Lalisa. – Susurró Jennie.
— No puedo darte cachorros.
— ¿Sabes cómo nos criamos? ¿Te lo dijo Matthew?
— No. Los padres de Roseanne me lo explicaron ayer. — Jennie se estremeció, pensando que había estado hablando de ciencia mientras alguien había estado esperando a asesinar a Lisa.
— Sé que una hembra dominante puede engendrar otra hembra receptiva. Que las cininas liberadas por la mordedura de apareamiento cuando te corres contienen proteínas portadoras que entregan la firma de ADN mitocondrial al óvulo y lo activan. – Lalisa sonrió, una sonrisa supremamente satisfecha.
— Sí. Exactamente lo que acabamos de hacer. ¿No me sentiste vaciarme en ti? - Las caderas de Jennie se sacudieron y sus pechos se tensaron.
— Por supuesto que te sentí. — Ella pasó su lengua por el centro de la garganta de Lisa y mordió el grueso músculo por encima de su clavícula.
— Puedo sentirte dentro de mí ahora. En todas partes. – Ella rió inestablemente.
— No puedo creerlo, pero ya estoy lista para ti.
— Estoy llena para ti también. – Lisa tomó la mandíbula de Jennie.
— Esto es más que frenesí de apareamiento. Tu transformación ha acelerado todo. Esto es frenesí de cría.
— Pero un Mutia no puede...
– Detente. – Con infinita ternura, Lisa besó la frente de Jennie, sus ojos, su boca.
— Eres mi pareja. Mis instintos me dicen que estamos criando ahora. Si no tenemos un cachorro propio esta vez, o nunca, nombraré a un sucesor de entre los más fuertes de la manada cuando llegue el momento.– Jennie acarició la cara de Lisa con dedos temblorosos.
— No puedo evitar que cumplas tu destino. Naciste para ser Alfa, y deberías ser capaz de ver a tus hijos...
— ¿Así que me vas a entregar a otra? – Preguntó Lisa. – Dejarme criar con otra muje...
El lobo de Jennie estalló tan rápido que no tuvo tiempo de razonar ni reaccionar. Su rostro cambió, sus mandíbulas se alargaron y una gruesa línea de piel oscura fluyó por el centro de su vientre. Sus garras rastrillaron los hombros de Lalisa. En una voz gutural de rabia posesiva, ella gruñó.
— ¡Mía!
— Tuya.
Lisa inclinó la cabeza hacia atrás y le dio a Jennie el cuello. Jennie agarró la garganta de Lisa en sus mandíbulas y la sacudió con fuerza. Con un grito, Lisa se corrió en el estómago de Jennie. Cuando Lisa se hundió, Jennie atrapó a Lisa y la besó. Acunando la cabeza de Lisa contra su hombro, ella susurró: – ¿Te he hecho daño?
— Nunca me harás daño mientras nunca me dejes. – Lisa jadeó cuando otro espasmo la sacudió.
— Dime que no me dejarás.
— No lo haré. No puedo. – Jennie inclinó la cabeza contra la de Lisa. — Voy a morir antes de dejarte.
— Estarás en peligro porque eres mi compañera. El ataque de anoche podría ser sólo el comienzo.
— No tengo miedo. – El único miedo de Jennie era perder a Lisa, y ella haría cualquier cosa y todo en su poder para protegerla.
— No creía que necesitara una compañera. Pensé que una compañera me haría débil. — Lisa se enderezó, sus ojos negros anudados con oro de lobo. Su rostro estaba tranquilo, fuerte, seguro.
— Te amo. Te necesito, y no sólo porque una Manada es siempre más fuerte con una pareja Alfa para conducirlos. – Ella pasó el dorso de sus dedos sobre la mejilla de Jennie.
— Nunca supe lo sola que estaba hasta que ya no estaba sola. Ya corres conmigo en mis sueños. Pronto, correremos juntas en nuestra tierra, con nuestra manada. Dime que me amas. Dime que correrás a mi lado.
— Te amo, Lisa. – Jennie dijo, la alegría eclipsando todos los arrepentimientos. Viviría, no importa qué demonios dentro de ella o enemigos de fuera la amenazaban. Lucharía porque no dejaría a Lisa sola. Lisa era suya, para siempre, para amar, cuidar y proteger.
— Eres mi corazón, mi compañera. Siempre estaré a tu lado. – Lisa la atrajo hacia sí y enterró la cara en el cuello de Jennie. Cuando Jennie se dio cuenta de que Lisa temblaba, le acarició el pelo.
— ¿Qué es?
— Tengo que irme por unas horas. – Lisa inspiró profundamente en el olor de Jennie.
— Regresaré tan pronto como pueda.
— Me acabas de pedir que corra a tu lado. — Dijo Jennie , con la boca contra el cuello de Lisa. No podía pedirle que no fuera. Lalisa era la Alfa. Tenía que dirigir. Pero ya no tenía que dirigir sola.
— ¿Crees que te dejaré cazar sola?
— Es demasiado pronto. – Dijo Lisa.
— Tu lobo...
— La lucha fue traída a nosotras, la tuya por el Éxodo, la mía por una mordida de una chica moribunda. No elegimos el tiempo ni las circunstancias. Si cazas, yo también. Soy tu pareja. No me pidas que sea menos. No ahora, no cuando te he dado mi corazón. — Los ojos de Lisa brillaban de orgullo y posesión. Besó a Jennie con fuerza, sacando fuerza de la fuerza de Jennie.
– Te amo.
— Entonces déjame amarte. – Con una inclinación de cabeza, Lisa agarró la mano de Jennie.
Jisoo, la Alfa llama, es hora de cazar.
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Empire I ( Metamorphosis ) [ Finalizada ]
DiversosEscrita en el Omegaverse Sinopsis: kim Jennie nunca ha sido buena en seguir el protocolo, por lo que no lo piensa dos veces en prestar atención de emergencia cuando la vida de una niña está en juego, incluso si la niña está en la agonía de la fieb...
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