CAPITULO 3

332 38 2
                                        

Una semana había transcurrido desde que Serena había sido intervenida quirúrgicamente, durante todos esos días había permanecido sedada para evitar que sufriera molestias y dolores innecesarios. El doctor Darien Chiba se había dedicado él mismo a seguir el estado de salud de la jovencita y decidió que ya era momento de hacerla reaccionar —señorita, suspenda los sedantes, a partir de hoy solo se le administrará medicamento para mitigar el dolor, necesitamos que despierte para poder evaluar su desempeño neurológico— fue la orden del médico a su enfermera asistente.

Al cabo de cuatro horas unos gritos provenientes de la habitación de Serena se escucharon de forma intensa por los pasillos de la clínica —¡Auxilio! ¡Déjenme en paz!

—¿Qué sucede señorita?— fue la pregunta del doctor a su asistente al acudir a la habitación.

—Está muy alterada doctor.

—¡Tranquila! Todo está bien— le habló tiernamente el médico a la joven acercándose poco a poco lentamente. Sin darse cuenta, la joven dejó de gritar, de alguna forma la calidez de esas palabras le daba seguridad y confianza —¡Déjenme solo con ella!— ordenó Darien y todo su equipo médico salió de la habitación dejándolo en compañía de la chica.

—¿Quién es usted? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué me sucedió?— estaba muy confundida.

—No te preocupes, todo está bien— Darien se fue acercando hasta llegar al borde de la cama, tomó asiento con sumo cuidado y tomó la mano de Serena entre sus manos —tuviste un accidente, algo muy grave, te trajimos aquí para cuidar de ti y te recuperaras. Mi nombre es Darien Chiba, soy tu médico, día con día he estado aquí, junto a ti, velando por tu bienestar.

—¿Quienes eran todas esas personas?

—Son mi equipo médico, no tienes nada de qué asustarte— fue su respuesta dando una tierna y cálida sonrisa que cautivó a Serena —y bien ¿Puedes decirme cuál es tu nombre?

—¿Mi nombre? Mi nombre es.. Yo me llamo... No lo sé— comenzó a alterarse nuevamente, sujetando su cabeza y llorando de desesperación por su falta de recuerdos —no se quien soy no lo recuerdo— lloraba desconsolada.

—No llores. Eso no ayuda en nada a tu estado de salud. Tuviste algunos golpes en la cabeza y es normal que no recuerdes nada, pero para eso estoy aquí. Te haré algunos estudios y te ayudaré a qué te recuperes pronto, ya lo verás ¿Recuerdas esto?— preguntó Darien mostrándole la cadena con el dije de conejito que portaba el día del accidente.

—¿Usagi?— cuestionó ella haciendo alusión a la palabra bajo el dije —no, no recuerdo nada con respecto a eso, pero es muy bonito.

—Lo traías puesto el día de tu accidente. No hubo rastros de alguna identificación tuya, así que desconocemos toda tu información. Yo personalmente decidí llamarte Usagi, por esta cadenita, espero que no te moleste.

—Para nada, de hecho me agrada ¿Puedo quedarme con la cadena?— sin duda alguna era una chica agradable y curiosa.

—Por supuesto que sí, es tuya— Darien le devolvió el collar a Usagi viendo atento su cara de inocencia y emoción, y pensando —¿Cómo una niña tan tierna provocó tanta irá en alguien como para querer asesinarla?

En casa de los Black, su semana había transcurrido en medio de investigaciones por el accidente ocurrido. Durante varios días el capitán Tomoe acudió personalmente a la residencia de Diamante. —Buenos días capitán ¿A qué debo el honor de su visita?

—Señor Black, estamos investigando el accidente en el que falleció la joven Serena Tsukino.

—¿Y qué quiere saber?

—Quiero averiguar por qué esa joven se encontraba en el auto, en su auto.

—Es muy sencillo capitán, fue una negligencia de mi hijo, si gusta puede hablar con él.

—Explíqueme a qué se refiere con eso.

—Bien capitán, esa chiquilla tenía una relación prohibida con mi hijo, él se encuentra comprometido con la hija de mi socio, Michiru Kaioh, y ella se interpuso en la relación, cosa de la que sé que Seiya tuvo la culpa, ese día escaparon juntos ya que él no deseaba casarse con Michiru, pero algo les salió mal y se accidentaron.

—¿Puedo hablar con su hijo?

—Claro capitán. ¡Seiya!— Diamante llamó a su primogénito —Hijo, el capitán desea hacerte algunas preguntas, coopera con él, pero si no quieres responder a alguna pregunta no lo hagas. Ya rendiste tu declaración ante el juez. ¡Capitán, los dejo para que platiquen!— dijo en tono sarcástico saliendo de la habitación.

—Seiya ¿Cómo te sientes?

—Físicamente mucho mejor, aunque emocionalmente me siento como una basura. Serena está muerta por mi culpa.

—¿Quieres contarme lo que pasó?

—Serena y yo comenzamos una relación hace dos años, pero mi padre jamás estuvo de acuerdo con eso. Para él serena es muy poca cosa por tener un origen humilde. Sin mi autorización él y mi madre me comprometieron con Michiru, hija del mejor amigo de mi padre y socio en todos, absolutamente todos sus negocios. Una noche antes del accidente mi padre organizó una fiesta para anunciar mi compromiso y el de mi hermano, yo invité a Serena pues aún no sabía cuál era la finalidad de la celebración. A media velada mi padre anunció los compromisos a todas nuestras amistades y serena salió corriendo de nuestra casa. Yo salí detrás de ella, le dije lo mucho que la amaba y que nada ni nadie nos iba a separar, no lo permitiría. Pasamos la noche juntos y al amanecer tomé uno de los autos de mi padre para huir con ella hacia una vida nueva, pero en el camino recibí una llamada telefónica que me dijo "Cuidado con tus frenos", fue entonces cuando supe que las cosas no andaban bien. Serena me miró preocupada, aún tengo presente sus ojos azules clavándose en mi muy asustada. De pronto, al dar la vuelta en una curva quise disminuir la velocidad, pero efectivamente los frenos no funcionaron, traté de maniobrar el auto para que se detuviera, pero fue inútil, había varios carros delante de nosotros y no quería que nadie saliera lastimado, así que mi única opción fue hacer que el carro derrapara, en el proceso el auto giró algunas veces y se detuvo gracias al muro de contención del puente. Quedé inconsciente unos minutos, pero cuando desperté no podía creer lo que mis ojos veían. Serena estaba del otro lado, herida y sangrando. Me acerqué a ella y logré sentir su pulso, y al comprobar que estaba viva decidí huir del lugar. Me alejé dejándola a su suerte, pensando que estaría bien, que alguien la rescataría y se recuperaría, ya después la buscaría y arreglaría las cosas. Nunca pensé que al abandonarla ahí la perdería para siempre— Seiya contó la historia en medio de lágrimas.

—Joven Seiya, debo decirle que analizamos los restos del auto y descubrimos que los frenos fueron manipulados ¿Tiene alguna idea de quién fue o por qué lo hicieron?

—Ese auto pertenecía a mi padre, pero era el que yo usaba siempre, incluso más que usarlo yo, era usado por Serena. Mi padre me dijo que me obsequiaría el auto cuando terminara la preparatoria, así que ya lo sentía como mío, y lo puse a disposición de la mujer que amaba. No me gustaba verla entre la multitud del transporte público ni sufriendo por la lluvia o el sol mientras abordaba el autobús. La novia de un Black debía ser consentida como una reina. Lo único que se me viene a la mente es que quien manipuló los frenos lo hizo con la intención de que Serena utilizará el auto.

—¡Joven Seiya! ¿Sospecha de alguien?

—Sospecharía de muchas personas. El padre de Serena es Kenji Tsukino, un comandante de la policía que durante años ha intentado investigar a mi familia de todo lo que se le vincula.

—¿Tu sabes acerca de los verdaderos negocios de tu padre?

—Capitán, usted está aquí para saber acerca del accidente, si quiere averiguar sobre mi padre hágalo por sus propios méritos. Quizá no sea el hombre más cariñoso del mundo, pero es mi padre, jamás lo hundiría.

—¡Te arrebataron a la mujer que amabas! ¿No piensas hacer nada al respecto?

—Tal vez tenga razón, pero no voy a morder la mano que me da de comer. Discúlpeme capitán, pero si no tiene nada más que preguntar con respecto al accidente no hay nada más que hablar— Seiya salió de la habitación con un extraño sentimiento de coraje hacia su padre debido a lo que acababa de descubrir, y al mismo tiempo, dándole al capitán la certeza de que todo había sido planeado.

Perseguida Donde viven las historias. Descúbrelo ahora