CAPITULO 24

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Seiya no dejaba de sentir nervios y preocupación. Lo que había hecho era un delito, era secuestro en toda la extensión de la palabra, sea cual fuere el motivo que lo había orillado a hacerlo era un crimen que se castigaba con cárcel, pero aún si después de explicarle a Darien el plan que tenía decidía denunciarlo afrontaría el castigo y las consecuencias de sus acciones.

—Darien, despierta— estaba a punto de amanecer y todos en la tétrica casa dormían
—Darien, necesito hablar contigo.

En medio de un cuarto lleno de oscuridad y dónde el penetrante olor a humedad se percibía en todo el ambiente Darien logró abrir sus azules ojos —Seiya ¿Que pasó? ¿En dónde estoy?

—Tranquilo, todo estará bien, te dije que te traería al lugar en el que se encontraba tu hija y lo he cumplido— Seiya hablaba mientras que con sus manos desataba el cuerpo de Darien.

—¿En dónde está? Quiero verla, por favor.

—Por el momento no es posible, pero te prometo que pronto lo harás, esta tarde Rubeus parte de regreso a la ciudad en compañía de mi hermano, tendrás tiempo de verla y estar con ella unos minutos, solo ten paciencia. Por su estado no te preocupes, la ví y está perfectamente bien, yo mismo lo comprobé. No tengo tiempo, solo vine a decirte eso, está por amanecer y pronto despertarán, si me ven aquí todo se vendrá abajo, por ahora estoy yo solo luchando contra el imperio de mi padre, pero pronto unidos acabaremos con él— Seiya salió del pequeño calabozo y comenzó su andar por un largo pasillo que llevaba a las habitaciones de la casa. Con las manos dentro de sus bolsillos y la cabeza agachada daba paso tras paso pensando en la manera de comunicarse con Serena, pues si quería poner en marcha su plan debía ser ésta tarde, sin la vigilancia de Rubeus ni de Yaten todo sería más fácil. Tan sumido estaba en sus pensamientos que la presencia de Rubeus a un costado suyo pasó desapercibida por completo hasta que esté llamó su atención
—¿En dónde estabas Seiya?

—¡Rubeus!— el sobresaltó del chico no se hizo esperar, aunque al instante logró demostrar la mayor tranquilidad posible —Lo siento, no te ví ¿Qué haces aquí?

—No Seiya, la pregunta es ¿Qué demonios haces tú aquí?— ese molesto tono maquiavélico, su fría mirada y su sonrisa sarcástica le generaban aún más nerviosismo del que ya tenía.

—No podía dormir y salí a caminar ¿Acaso estás vigilándome?

—Por supuesto que no, solo hago mi trabajo. Debes saber que ahora menos que nunca puedes dormirte. Tu hermano y yo saldremos en dos horas y regresaremos a la media noche, mientras tanto tú estarás a cargo, pero eso no quiere decir que estés fisgoneando, aún no tienes luz verde de tu padre para indagar en todos los rincones, ésta noche, cuando él venga decidirá si te da su voto de confianza o no.

—¿Qué dices? ¿El vendrá?

—Así es, a la media noche estará aquí— Seiya sabía que tenía que actuar ahora, debía sacar a Darien y su hija lo más pronto posible antes de la llegada de Diamante, así como encontrar alguna prueba que lo culpara de todos sus crímenes —Vamos Seiya, salgamos de este pestilente lugar— Rubeus dió una ligera palmada en el hombro del chico y un ligero empujón indicándole que comenzará a caminar. Al cabo de unos pasos, justo antes de salir del pasillo de los calabozos Seiya detuvo su andar.

—¿Sucede algo Seiya?

—Me pareció escuchar algo— dirigió su mirada al lejano final del túnel.

—¿Algo como qué?

—Creerás que estoy loco, pero me pareció escuchar gritos y llantos de niño.

—¿Qué cosas dices Seiya?— Rubeus soltó una gran carcajada —creo que has tenido demasiado con tu primer trabajo. La única niña en este lugar está con Mina, y por la hora debe estar completamente dormida, y en una cómoda habitación. Creo que aún estás afectado.

Seiya sabía que su padre se dedicaba al secuestro de grandes empresarios y gente poderosa económicamente hablando, y que de ahí provenía su cuantiosa fortuna, pero no podía asimilar la idea de que tuviera niños en su poder, aunque si lo pensaba seriamente, Rini era la prueba de que su padre estaba fuera de control. Solo debía esperar a que Yaten y Rubeus partieran para investigar a fondo, tal vez las pruebas que necesitaba estaban al fondo de ese abandonado túnel.

Pasadas las dos horas Rubeus y Yaten partieron rumbo a la ciudad dejando a Seiya con completa libertad para actuar. Su primera reacción fue dirigirse al túnel subterráneo para ahondar más en su investigación. A medida que se acercaba al final del oscuro pasillo se percató de que había sonidos que provenían de alguno de los calabozos. Nuevamente se hacían presentes ruidos que parecían ser de niños.

Una por una revisó las celdas sin éxito, la única ocupada pertenecía a Darien, pero al llegar al final del pasadizo algo llamó su atención, una especie de pared hecha de un material diferente al resto del lugar marcaba el término del lugar. Seiya se acercó y con su mano golpeó algunas veces, para su asombro, el sonido originado era hueco, pero su sorpresa se agrandó cuando del otro lado del muro alguien respondió a sus golpes con otros más. Sin duda debía haber personas del otro lado.

De pronto, una pequeña luz se alcanzaba a observar desde la posición de Seiya, alguien se acercaba —¿Quién podrá ser?— se preguntaba sorprendido, pues en la propiedad no había nadie más que él y Mina. Se colocó tras una roca y gracias a la oscuridad pasó desapercibido.

A medida que la luz se acercaba se alcanzaba a distinguir una silueta conocida que al llegar al misterioso muro sacó una pequeña llave y la colocó en un diminuto cerrojo que pasaba desapercibido a la vista y logró abrir lo que en realidad era una especie de puerta.

Seiya desde su posición observó toda la escena, pero no daba crédito a lo que sus ojos veían, era casi imposible de creer que su padre fuera capaz de tanta atrocidad. Con todo el coraje y tristeza que la situación le había causado se atrevió a confrontar a quien había llegado —¡Mina! ¿Qué significa ésto?

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