AL AIRE. Capítulo IV.

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"Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento". Viktor Frankl.

Su respiración era errática cuando el timbre sonó y su corazón por poco sale de su pecho. Observó la pantalla de la cámara de seguridad y era Charles. Casi no podía verle el rostro pero se veía tan joven y hermoso. Se peinaba el cabello detrás de la oreja y mordía su labio cuando decidió tocar de nuevo. Erik abrió y por instinto se escondió detrás de la puerta. Charles avanzó un poco hacía dentro del departamento con las bolsas de papel con comida Italiana en el regazo y en la espalda de la silla de ruedas su mochila,

-Se que estás detrás de la puerta Erik. Traje comida deliciosa, deberías salir ahora mismo por que comeré todo yo solo, - la actitud de Charles lo hizo sonreír, era tal cual lo había imaginado, fresco y espontáneo.

Charles entró y Erik cerró la puerta tratando de esconder la mitad de su cara,

-¿Puedo dejar esto aquí?, - señaló la mesa de centro antes de poner las bolsas,

-Si, - Charles dejó las bolsas sobre la mesa, -¿Puedo sentarme en tu sillón?, - Erik asintió sin mirarlo.

Charles hábilmente se sentó en sillón de piel y alejó un poco la silla de ruedas,

-¿Quisieras sentarte conmigo?,

-Si, - Erik caminó hasta el sillón pero se sentó lo más alejado que pudo de Charles. Lo observaba solo un poco y Charles tenía el rostro despejado y afable, -Tu voz suena igual que en la radio, - le dijo Erik de modo casual,

-¿Te lo parece?,

-Si, igual de hermosa,

-Gracias, Erik. Traje un par de libros y un ajedrez, puedo leerte o podemos jugar, - Erik suspiró y se relajó,

-Me gustaría que leyeras algo, - Charles le sonrió con sus dientes hermosos y sus labios rojos.

Jalo su silla para tomar su mochila y sacar un libro, se lo mostró a Erik y este lo aceptó asintiendo de nuevo. Charles tocó los guantes,

-¿Puedo quitarlos?, - Erik pareció congelarse y asintió sin palabras. Charles los quitó con sumo cuidado, -¿Aún duelen?, - dijo mientras mantenía las manos de Erik entre la suyas,

-No, no tengo sensibilidad, apenas y puedo mover los dedos debido a las cicatrices, - Charles asintió,

-Entiendo, - acercó lo más que pudo las manos de Erik a sus labios y dejó un pequeño beso en el dorso de ambas, la mirada de Erik estaba sorprendida, -¿Quieres cenar ahora o prefieres que lea un poco antes?,

Erik estaba inquieto. Charles era hermoso y joven, si otro tiempo fuera estaría encima de él besándolo y quitando su anticuado suéter,

-Quiero besarte, - dijo casi por inercia y Charles sonrió pleno mostrando su emoción,

-Pensé que nunca lo pedirías,

Erik debía estar en un sueño. El hombre joven de la radiodifusora estaba en su departamento, mirándole con cariño, sin el asco o repulsión de por medio. Sonrió antes de acercarse más, Charles también se movió hacía él arrastrando un poco su cadera hasta quedar pegado a Erik. Este le tocó el rostro poco a poco sin ser invasivo, Erik cerró los ojos ante su toque,

-¿Crees posible que puedas enamorarte de una persona que conociste por llamadas telefónicas?,

-Si, si lo creó, - Erik le respondió y Charles le sonrió y fue en búsqueda de sus labios y este lo aceptó.

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