Todos conocemos a Heidi, la niña de los Alpes. Pero la infancia quedó atrás y con ella la ingenuidad. Ahora, adolescente, se enfrenta a cambios, responsabilidades y experiencias que la obligan a crecer. Entre la montaña y la ciudad, entre el pasado...
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(Yegua, Los Alpes)
Confusión
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—Creo que debe decirme algo importante.
—Puede ser —dijo Heidi, ladeando un poco la cabeza—. Pero, ¿qué es lo que te inquieta?
—No lo sé... muchas cosas. Por ejemplo, si se va a ir, o si ya no quiere verme más, o...
—Descarta esas ideas absurdas de tu cabeza, Clara. ¿Cómo no va a querer verte más después de tantas citas? —dijo Heidi con un tono firme pero suave, intentando devolverle algo de calma.
Clara suspiró. Desde el accidente de Heidi, ella y Charlie habían comenzado a salir con más frecuencia. La confianza entre ellos había crecido, y el formal "usted" había quedado atrás. Sin embargo, hacía unos días Charlie le había dicho que necesitaba hablar con ella "muy seriamente", y desde entonces la idea le venía carcomiendo. Ahora, con la hora de su encuentro cada vez más cerca, su ansiedad se intensificaba.
—Llegamos —anunció Pedro entrando junto al abuelito, ambos sacudiéndose la humedad del camino.
—Y trajimos a un amigo de ustedes —añadió el viejo, haciéndose a un lado para dejar paso a un rostro conocido. La figura de Charlie apareció en el umbral con una sonrisa cordial. Heidi dedujo que Pedro y el abuelo se lo habían encontrado en el camino desde Maienfeld.
—Hola —saludó Charlie con su habitual amabilidad, acercándose para depositar un pequeño beso en la mano de cada una.
—¿Cómo estás, Charlie? —preguntó Heidi. El muchacho siempre le había caído bien, con esa mezcla de caballerosidad y naturalidad que rara vez encontraba en alguien de su edad.
—Genial, ¿y tú? —respondió él con una sonrisa genuina.
—Algo nerviosa... en un rato el doctor vendrá a revisarnos —dijo ella, refiriéndose a sí misma y a Pedro, que ya estaba casi recuperado pero aún debía dejar que sus heridas cerraran del todo.
—No te preocupes, seguro recibirán buenas noticias —aseguró Charlie, antes de girarse hacia Clara—. ¿Nos vamos?
—Sí... Buena suerte, chicos —respondió Clara, levantándose para seguirlo hacia la puerta.
—Adiós —canturreó Heidi con picardía. Pedro soltó una pequeña risita.
—¿Qué? —preguntó ella, fingiendo indignación.
—Nada... ¿A qué hora viene el doctor? —inquirió él, sacudiéndose una gota que le había caído del cabello a la frente.
—En un rato, supongo —dijo Heidi. Se incorporó de su silla y caminó lentamente hacia la cocina en busca de un vaso de leche. Hasta hacía pocos días no podía dar ni un paso, pero, como le repetían todos, su recuperación avanzaba más rápido de lo esperado. Ahora podía moverse sola, aunque con lentitud y algo de rigidez.