Todos conocemos a Heidi, la niña de los Alpes. Pero la infancia quedó atrás y con ella la ingenuidad. Ahora, adolescente, se enfrenta a cambios, responsabilidades y experiencias que la obligan a crecer. Entre la montaña y la ciudad, entre el pasado...
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(Casamiento, novios)
Manera diferente
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Domingo.
El día se desarrollaba tranquilo en la casa del pueblo, con la calma característica de los domingos en aquella región de los Alpes Suizos. Nadie trabajaba, las calles casi vacías y el aire parecía moverse al ritmo pausado que exigía la jornada. Los tres jóvenes —Heidi, Clara y Pedro— aprovechaban para descansar y recargar energías, pues al día siguiente sería la esperada boda.
El sol comenzaba a bajar y una suave brisa movía las hojas de los manzanos que rodeaban el jardín donde estaban sentados. Merendaban juntos bajo la sombra de las ramas, entre risas y silencios que hablaban de la confianza que los unía. Pero en la cabeza de Heidi las dudas empezaban a revolotear como pequeñas mariposas inquietas.
—¿Y los hombres, cómo van vestidos? —preguntó con genuina curiosidad, mirando las manzanas verdes y rojas que pendían sobre sus cabezas.
—Con traje, esmoquin o ropa elegante —respondió Clara, pensativa—. Aunque, para serte honesta, nunca he prestado mucha atención a los detalles de la vestimenta de los demás invitados.
—¿Y todos deben ir acompañados? —volvió a preguntar la pelinegra, como si quisiera saciar una curiosidad creciente.
—Creo que no es obligatorio —dijo Pedro, incorporándose un poco en la silla para mirar a Heidi—, pero tu tía te permitió venir con acompañante, así que seguro la mayoría irá acompañado.
—No es necesario, pero si quieres, claro que puedes ir con tu pareja o algún conocido, ¿entiendes? —añadió Clara, tratando de aclarar con paciencia.
—Oh, claro. Y dime, ¿hay otros bailes además del vals? —preguntó, entusiasmada por descubrir más detalles.
—Sí, pero son menos formales —respondió Clara con una sonrisa—. Muchos invitados ya se pasan de copas y no pueden coordinar bien, como pasa en el vals, ¿sabes?
—¿Qué tipo de bebidas hay? —interrumpió Heidi con una chispa en los ojos.
—Alcohol, vino, sidra, tequila, ron, y un poco de todo —enumeró Clara, contando con los dedos de su mano.
—¿Y la comida? ¿Qué suelen servir? —no podía contener su curiosidad.
—Eso depende —contestó Clara mientras recordaba—. Puede ser una cena formal o que cada quien tome lo que quiera. Hay carne, pescado, pollo, pavo, parrilladas con ensalada, en algunas bodas hay pasta... —se detuvo un momento, luego añadió—. Y, por supuesto, pastel.
—¡Wow! Qué rico. ¿Suele ir mucha gente? —quiso saber Heidi, intrigada por el tamaño del evento.
—Por lo general, sí —respondió Clara con naturalidad.