27 (editado)

145 14 14
                                        

(Estación de tren, Maienfeld)

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

(Estación de tren, Maienfeld)



Diciembre



___________________________________


Frankfurt, Alemania.
26 de diciembre

Mi queridísima y adorada Heidi:

Te escribo desde la calidez de mi sala, mientras el viento de invierno golpea suavemente las ventanas y la nieve se acumula en los alfeizares como si quisiera envolver la casa en un manto blanco. Frente a mí, sobre la mesita, reposa una taza humeante de té de frutilla que tiñe el aire con un aroma dulce y reconfortante, acompañado de una bandeja con unos cuantos bizcochos... que, sí, yo misma he preparado.

¡Iba a ser una sorpresa para ti! Pero la emoción me supera: he aprendido a hornear. ¿Puedes creerlo? Yo, la misma Clara que antes apenas se acercaba a la cocina, ahora revolviendo masas y midiendo ingredientes como si toda la vida lo hubiera hecho. No importa, cuando estés aquí y podamos sentarnos juntas a tomar el té, pienso deleitarte con mis "creaciones culinarias" (si resultan comestibles, claro, aunque prometo que lo son).

Pero dejando de lado mis recientes aventuras con la harina y el azúcar, no imaginas la alegría que sentí al recibir tu carta. La leí y releí varias veces, como si cada palabra fuera un abrazo que cruzaba la distancia. Te extraño más de lo que puedo poner en papel. Tenemos tantas cosas de las que conversar, de esas que sólo se dicen mirando a los ojos.

No creas que he pasado por alto lo que me contaste, esa parte de tu carta que parecía escrita con un suspiro de preocupación. Te aseguro que no lo he olvidado. Pero, mi querida amiga, hay conversaciones que se guardan como un tesoro y se abren sólo en persona, en la intimidad y sin testigos.

Y como la urgencia de verte —además de la nostalgia que me consume— no me deja tranquila, he decidido invitarte a pasar el Año Nuevo conmigo, aquí, en mi hogar, junto a mi familia. No pienses que eres la única afortunada: también he enviado cartas-invitación al abuelito y a Pedro. Si vamos a recibir un nuevo año, quiero que lo hagamos todos juntos, como se debe. ¿Cómo no se nos ocurrió antes?

Me encantaría verlos cruzar la puerta de mi casa en las primeras horas del día treinta de diciembre. Sí, he sumado un día extra para que podamos ponernos al día sin prisas, para charlar, reírnos y recordar todo lo que nos hemos perdido en estos meses.

Notarás que esta carta es breve, y no por falta de ganas de escribir, sino porque quiero reservar mis palabras, mi voz y hasta mis gestos para el momento en que nos volvamos a encontrar. Y que quede claro: no acepto una negativa como respuesta de ninguno de los tres, mucho menos de ti, Heidi Hessen.

Tampoco hace falta que me respondas. Prefiero que te guardes las ganas para darme un abrazo cuando llegues.

Te espero. Y espero que sea así.

Mountain | Heidi&PedroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora