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35. La graduación.

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Melanie Cross

No puedo creer que este día haya llegado.

Estoy de pie en medio de la habitación que durante semanas fue mi refugio y mi lugar seguro, miro a mi alrededor tratando de guardar cada detalle en mi memoria, las cortinas color crema por donde entra la luz suave del amanecer, la pequeña estantería junto a la pared, y el escritorio donde pasé tantas noches sin poder dormir. Ya no voy a vivir aquí, y la idea debería emocionarme más de lo que realmente lo hace.

Bajo la mirada hacia mi cuerpo y por un momento, todo lo demás desaparece. Todavía quedan marcas. Algunas heridas ya se han cerrado, otras siguen cicatrizando lentamente, recordándome lo cerca que estuve de no llegar hasta aquí. Paso los dedos con cuidado por una de ellas y me observo en el espejo. Por fuera estoy mucho mejor, por dentro... no estoy segura.

Hay días en los que todavía me cuesta creer que sobreviví, que mi cuerpo resistió cuando yo misma pensé que ya no podía más, casi morí, y es una realidad que intento no repetir demasiado en mi cabeza, porque cada vez que lo hago siento el mismo vacío extraño en el pecho.

Pero estoy aquí, sigo aquí, y hoy voy a graduarme.

Una pequeña sonrisa aparece en mis labios, aunque desaparece casi de inmediato, no tengo los ánimos que imaginé que tendría, no siento esa emoción desbordante que tantas veces imaginé, estoy cansada, mucho más de lo que quiero admitir. Aun así, en algún lugar debajo de todo ese cansancio, soy feliz.

Me siento en la cama todavía deshecha y miro el vestido colgado en la puerta, lleva ahí desde anoche, esperando por mí. 

—¿Todavía no estás lista?

La voz de Lisa me hace levantar la cabeza. Entra sin avisar, como siempre, cargando su maletín de maquillaje y todo lo que necesita para arreglarme, tiene esa energía que parece cambiar el ambiente apenas aparece.  Sus ojos recorren mi rostro y durante un instante parece darse cuenta de que hoy no estoy precisamente llena de energía, pero no dice nada.

—Vamos —dice mientras deja sus cosas sobre el escritorio—, hoy te gradúas y pienso hacer que parezcas alguien que durmió más de tres horas.

Suelto una pequeña risa.

—Fueron cuatro.

—Impresionante, todo un récord.

Lisa me lleva hasta la silla frente al espejo y empieza a sacar algunas cosas de su maletín.

—Siéntate, déjame hacer mi trabajo.

No protesto, la verdad es que agradezco no tener que preocuparme por maquillarme en este momento. Me siento frente al espejo y cierro los ojos mientras ella comienza, siento las brochas pasando suavemente por mi rostro y sus manos trabajando con cuidado.

—Listo —dice Lisa al fin.

Levanto la mirada hacia el espejo y por unos segundos me cuesta reconocerme. Mi piel se ve más luminosa, mi cabello cae en ondas y el cansancio de las últimas semanas ya no se nota tanto en mis ojos. Me quedo observándome un momento y termino sonriendo un poco más.

Estoy lista.

Jack llega puntual. Cuando me ve, se queda mirándome unos segundos con una expresión que no termino de entender. Parece orgulloso, aunque hay algo más en sus ojos que no sé identificar.

—Te ves hermosa —dice al fin.

Se acerca y me da un beso en la frente. Sonrío, un poco avergonzada, justo cuando Eric aparece detrás de él. Hoy será mi padrino y está más animado de lo que lo había visto en mucho tiempo. Después de todo lo que pasamos, verlo sonreír así se siente bien.

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