Jack Connor
Tres días después.
Es de madrugada cuando cruzo el cartel que anuncia que he llegado a Washington. Estoy agotado, el cuerpo pesado por el viaje... pero lo único que me mantiene despierto es ella. No me interesa llegar a casa, así que tomo el teléfono, marco su número y lo coloco en altavoz.
El timbre suena 4 veces hasta que contesta.
—¿Jack? —su voz sale entrecortada por el sueño. Me la imagino con el cabello despeinado, en esa camiseta vieja que usa para dormir y sonrío sin darme cuenta.
—Hola cielo... ya estoy aquí. No podía esperar hasta mañana.
—¿Estás bien? ¿Cómo estuvo la misión?
—Bilson ya no es un problema. Pero lo único que quiero ahora es verte.
—¿Quieres que vaya?
—No —respondo enseguida— Solo quería saber si estabas despierta. Si podía verte.
—Estoy despierta. Le quitaré el seguro a la puerta.
—Está bien. Nos vemos pronto.
Aparco frente a su edificio. El motor se apaga, pero no me bajo de inmediato. Me quedo unos segundos con las manos en el volante, respirando hondo. No sé por qué estoy tan jodidamente nervioso. He estado con ella muchas veces, pero esta noche es distinta. Vengo de días lejos, de pensar demasiado, de extrañarla.
Bajo. Subo los escalones de dos en dos. Me detengo frente a su puerta, entreabierta, tal como me dijo y empujo con suavidad. Ahí está. De pie junto al sofá, con una camiseta grande y el cabello suelto, algo desordenado. Sus ojos brillan como si no creyera que realmente estoy aquí.
No digo nada. Solo camino hasta ella y la beso.
—Te extrañé —murmuro contra sus labios, con los ojos cerrados.
—Yo también —responde.
Vuelve a besarme con intensidad sin dejarme respirar y sé lo que quiere.
La llevo despacio hacia su habitación. Mis manos rozan sus caderas, su espalda, su cuello. Me detengo en cada parte de ella como si fuera sagrada, porque lo es. Porque amo todo de ella: las pecas que apenas se ven, la forma en que se arquea cuando mi boca encuentra su clavícula, el sonido que hace cuando le susurro lo hermosa que es.
—Amo cada centímetro de ti. Me vuelves loco.
Con ternura, comienzo a desnudarla. Mis dedos rozan su piel y la miro a los ojos constantemente, buscando en su mirada esa aprobación que me hace sentir el hombre más afortunado del mundo. Cuando por fin estamos piel contra piel, la calidez de su cuerpo me envuelve. La tomo en brazos con cuidado y la recuesto sobre la cama, acomodando su cabeza con delicadeza sobre las almohadas.
Me detengo un momento solo para contemplarla: su respiración agitada, el rubor en sus mejillas, la forma en que su cabello se desparrama. Es hermosa. Me tumbo a su lado y comienzo a besarla despacio. Empiezo por su frente, bajando por sus párpados cerrados, sus mejillas, su cuello. Mis labios recorren sus hombros, sus clavículas, deteniéndome en cada curva como si quisiera memorizarla. Bajo con devoción por sus pechos, besando con suavidad, saboreando la textura cálida y sensible de su piel. Cuando bajo hasta sus muslos los beso, respirando su aroma, sintiendo cómo su cuerpo se abre para mí con confianza.
Regreso a sus labios y nos fundimos en un beso profundo mientras me coloco entre sus piernas. Saco un envoltorio y me coloco el condón en la erección. Entro en ella poco a poco, centímetro a centímetro, sintiendo cómo su calor me envuelve. El placer es tan intenso que tengo que detenerme un momento para no perder el control. Nuestros cuerpos se encuentran con una sincronía natural, como si ya se conocieran desde siempre. Cada embestida es suave, entro completamente y me quedo un instante dentro de ella, girando las caderas con delicadeza para sentirla toda, para rozar cada punto sensible.
Mis manos no dejan de acariciarla: una sostiene su nuca, la otra recorre su cintura, su espalda, su muslo que se enreda en mí. La beso constantemente: en los labios, en el cuello, en los pechos que se mueven con nuestro vaivén. El placer crece como una ola lenta. Sus gemidos suaves y mi respiración entrecortada se mezclan. Acelero solo un poco cuando siento que ella lo necesita y siento sus uñas clavarse en mi espalda, sus piernas apretándome más contra ella. Cómo deseo sentirla completamente, sin ese plástico que aún nos divide un poco, pero quiero cuidarla. No quiero que tome decisiones solo para complacerme. Solo será hasta que ella me lo pida.
Su vagina es tan perfecta. Tan limpia, tan rosada, tan mía. Es perfecta de pies a cabeza. Mis manos quedan marcadas en su piel y está roja por todas partes. Cuando llegamos al clímax siento cómo se contrae alrededor de mí y eso me lleva al límite. Me derramó dentro de ella con un gemido ahogado contra su cuello, abrazándola con fuerza, pero sin aplastarla. Nuestros cuerpos tiemblan al unísono, fusionados en ese momento de entrega total. Me quedo dentro de ella varios segundos más, sintiendo los últimos espasmos de placer, su respiración acelerada contra mi pecho, el latido de su corazón tan cerca del mío.
La beso en la frente, en los labios, en las mejillas. Le acarició el cabello con ternura mientras ambos descendemos lentamente. No quiero salir de ella todavía. No quiero que este momento termine. En ese instante solo puedo pensar en lo afortunado que soy. La respeto, la deseo y la amo con cada fibra de mi ser. Y sé que ella siente exactamente lo mismo.
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Different People ✔
RomantikLibro #1 de la Saga People 📚✅ Nueva edición (2025). Una joven universitaria huye de casa y encuentra refugio en un bar, intentando escapar de una verdad que la ha dejado marcada para siempre. Lo que parecía un acto de supervivencia desencadena una...
