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32. Zona cero.

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Jack Connor.

La compuerta empieza a bajar antes de que el avión termine de detenerse y, en cuanto se abre lo suficiente, descendemos en formación. El sol está cayendo rápido, y en menos de una hora estaremos completamente a oscuras. A nuestro alrededor solo hay vegetación baja, suelo rojizo y el zumbido constante de insectos. El campamento de Tariq está a menos de cinco kilómetros, al otro lado del río, y según las últimas imágenes satelitales Melanie fue trasladada allí pocas horas antes.

—Unidad uno viene conmigo por el flanco izquierdo —ordeno mientras compruebo el silenciador y ajusto el auricular— Eric se posiciona como francotirador en altura, cobertura total desde el este. Jimmy mantiene vigilancia aérea.

Eric asiente sin decir nada y ya está evaluando el terreno, buscando elevación. Simmons se acerca mientras el resto del equipo termina de organizarse. Lleva el equipo completo, chaleco, arma lista... y eso me hace detenerme un segundo.

Hace años que no entra al campo con nosotros.

—El acceso norte es más rápido —dice, señalando el mapa sujeto a su antebrazo— Deberíamos concentrar la entrada allí.

Lo observo un instante más de lo necesario.

—También es el más expuesto —respondo— Entramos por el oeste.

Simmons sostiene mi mirada, luego asiente.

—Entonces voy contigo.

Eso sí me sorprende.

—¿Seguro? —pregunto sin ocultarlo del todo— Pensé que preferías dirigir desde atrás.

Una leve sonrisa cruza su rostro.

—Hoy no.

No digo nada más. Nos internamos en la vegetación mientras el sol sigue descendiendo. Eric se separa del grupo y escala con rapidez, desapareciendo entre las alturas.

—Posición tomada —su voz llega por el comunicador— Tengo visual parcial del perímetro. Ajustando.

Avanzamos. Me muevo entre las sombras como un espectro. A mi lado, Simmons avanza en silencio. Detrás, dos agentes más cubren nuestras espaldas. El primer rebelde aparece a la izquierda, detrás de un contenedor oxidado. Está meando contra la pared, con el arma colgando del hombro. No tiene idea de que ya está muerto.

Mi silenciador le perfora la sien antes de que pueda siquiera cerrar la cremallera. Su cuerpo cae sin hacer ruido. Lo arrastro de una pierna hasta el rincón más oscuro y seguimos avanzando.

—Dos más en el pasillo central —susurra Eric por los auriculares — Están fumando y hablando.

Me adelanto y me agacho. Me deslizo con el cuchillo en la mano y el primero no tiene tiempo de girarse. Le clavo la hoja justo en la garganta y lo sostengo para que no caiga. El segundo apenas reacciona, me lanzo sobre él, y con una llave seca lo derribo al suelo. Lo inmovilizo con una rodilla en el pecho y le tapo la boca con fuerza.

—Shhh... —susurro, antes de abrirle la garganta. Su sangre tibia me mancha los guantes.

Simmons aparece por la derecha y hace una señal. Estamos limpiando este lugar como si borráramos una plaga.

—Se mueven en pareja, pero no esperan ser cazados —dice Simmons —Lo serán igual —respondo. Uno en la entrada nos ve y antes de que pueda reaccionar, le disparo en medio de los ojos.

El impacto lo lanza contra el muro y lo deja resbalando entre su propia sangre. El otro, que apenas salía del edificio, se topa con su cuerpo y se detiene un segundo. Ese segundo es su sentencia. Eric le vuela media cabeza.

—Están empezando a notar que pasa algo —advierte Jimmy por el comunicador.

Avanzamos y escucho gritos a lo lejos. Órdenes en otro idioma y correr de botas. Otro grupo, esta vez de tres aparece frente a nosotros. Uno con lanzacohetes, otro con un AK y el tercero apenas un machete oxidado. No les damos oportunidad. Disparamos todos a la vez. Cuatro tiros. Cuatro muertes. Sus cuerpos caen uno sobre otro, como muñecos de trapo rotos.

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