6:00 p.m.
Me he reintegrado a las clases y en unos días, comenzaré oficialmente la tesis. Todavía me cuesta creerlo. Siento que todo lo que ha pasado en estos días fue solo una pesadilla, hasta que llego al apartamento y choco con la realidad.
En todo el día atendí mesas, limpié, cargué bandejas y fui de un lado a otro intentando mantener la mente ocupada. Pero, por más que mi cuerpo no dejaba de moverse, mis pensamientos seguían alcanzándome.
No podía dejar de pensar en lo sola que se ha vuelto mi vida. Mis días se reducen a estudiar, trabajar y regresar a un apartamento donde el silencio siempre me está esperando. Antes creía que la soledad era solo estar sin compañía, pero ahora entiendo que también puede sentirse incluso cuando estás rodeada de personas.
Entre un cliente y otro, mi mente volvía al mismo lugar. Pensaba en mi madre, encerrada tras las rejas de una prisión. En mi hermano que pronto dejará la ciudad con la esperanza de empezar de nuevo... o quizá simplemente de escapar de todo lo que nos persigue. Y en mi padre, ese que durante tanto tiempo fue solo una ausencia, alguien que imaginé de mil maneras, y que ahora aparece como otra pieza de este rompecabezas que no estoy segura de querer terminar.
Al final del turno estaba agotada, pero no era solo el cansancio del trabajo. Era el peso de cargar tantas cosas por dentro sin saber con quién compartirlas. Y, aun así en medio de todo ese ruido, la voz de Jack seguía apareciendo en mi cabeza.
¿Crees que podamos comer algo más tarde?
No entendía por qué una pregunta tan sencilla era capaz de hacerme sentir tantas cosas al mismo tiempo.
Miro la hora. Mi turno ya terminó.
—¡Melanie!
Reconozco la voz antes de verlo. Me giro y ahí está Junior, con su sudadera gris de siempre y las llaves del auto girando entre sus dedos. Lleva una pequeña mancha de grasa en el cuello de la camiseta; seguramente salió del taller apenas pudo para venir por mí.
—¿Saliste temprano? —pregunto mientras me quito el delantal.
Él sonríe apenas.
—Solo por ti. Hoy vamos a casa.
La palabra me golpea más de lo que esperaba. Hace mucho que dejé de sentir que ese lugar pudiera llamarse así.
—¿Ahora?
—Sí. Hay algo que necesito hacer... y creo que tú también necesitas verlo.
El trayecto transcurre casi en silencio. Afuera las calles se vuelven cada vez más familiares. Las mismas aceras donde aprendimos a montar bicicleta, el parque donde pasábamos las tardes y las casas que parecían enormes cuando éramos niños. Todo sigue ahí, menos nosotros.
Cuando doblamos la última esquina, siento que el pecho se me aprieta.
—¿Lista? —pregunta Junior sin dejar de mirar al frente.
Tardo unos segundos en responder.
—No... pero sí.
El auto se detiene frente a lo que una vez fue nuestro hogar.
Durante unos segundos ninguno baja. La casa sigue en pie, pero las paredes están negras por el humo, el techo se hundió sobre sí mismo y las ventanas son solo huecos vacíos.
Allí crecimos. Allí aprendimos a escondernos de los gritos, a celebrar los pocos días buenos y a sobrevivir a los malos. Nunca fue un hogar perfecto. Estaba lleno de discusiones y heridas que nadie supo curar. Aun así, era el único lugar que habíamos tenido.
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Different People ✔
RomansaLibro #1 de la Saga People 📚✅ Nueva edición (2025). Una joven universitaria huye de casa y encuentra refugio en un bar, intentando escapar de una verdad que la ha dejado marcada para siempre. Lo que parecía un acto de supervivencia desencadena una...
