| Primera Parte de la Trilogía "Leyenda" |
"El límite entre lo correcto e incorrecto es endeble".
La humanidad ha llegado a la cúspide de su evolución, sin embargo la vida en la Nueva Tierra no es pacífica.
La guerra ha transformado los ideales de...
| Música de Multimedia: Gurem no Yumiya - Linked Horizon |
——————————
"Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo".
Efesios 6:11—.
——————————
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Un extraño humo verde inundó por completo la estancia, Sebastián abrió los ojos al sentir un ligero choque eléctrico en sus costillas aunque no logró ver nada, el gas reaccionó con la Piel de Iah, partiéndola en dos y penetrando en las fosas nasales del Dios. Las Partículas comenzaron a filtrar el aire y a despejar el humo.
Mixcóatl parpadeó y buscó con la mirada a su compañero, Forseti se encontraba debajo de un enorme escombro. Él comenzó a arrastrarse pero el sonido de un cristal rompiéndose llamó su atención.
Una imponente silueta atravesó el vitral de la oficina de Baal, Sebastián levantó la vista y vio a un hombre de armadura dorada con negro, echando hacia atrás el Rifle Perforador del tercer equipo de Élite y quitándose la Mascarilla Táctica del primer equipo de Élite mientras el humo verde regresaba al cinturón de las Partículas del séptimo equipo de Élite
Ivaldi comenzó a lamentarse, una varilla le había perforado la pierna y estiró la mano debajo de su escritorio, pulsando un botón.
El Arcángel llevó su mano hacia atrás y desenvainó su enorme Espada Sagrada, colocó el extremo debajo del mentón de Lucifer, obligándolo a verlo.
—Como lo habíamos previsto, el objetivo inicial no se encuentra pero los objetivos primarios localizados —dijo el Arcángel, con una voz fría y carente de toda emoción—. ¿Confirmación de movimiento?
Sebastián estiró su mano, intentando detener al Cazador de Élite, en un intento patético, él debía pagarle a la humanidad. Jäger alzó su espada mientras cerraba sus ojos.
—Que Dios tenga tu alma en santa gloria —musitó el Arcángel. Giró su espada a ciento ochenta grados y la dejó caer.
Una súbita explosión obligó a Mixcóatl a cubrirse el rostro y solo escuchó el choque de dos metales.
—¿Acaso creías que sería fácil? —dijo Guerra, burlándose con una sonrisa. El Jinete empujó al Arcángel y se colocó en guardia, estiró su mano y empujó a Baal hacia la puerta—. ¡Ahora, Dazhbog!
—Debemos huir, ¿puedes ayudarme con Forseti? —preguntó el ruso, cargando al líder de la Resistencia sobre sus hombros. Sebastián asintió—. Bien, hay que escapar mientras él lo entretiene.