| Primera Parte de la Trilogía "Leyenda" |
"El límite entre lo correcto e incorrecto es endeble".
La humanidad ha llegado a la cúspide de su evolución, sin embargo la vida en la Nueva Tierra no es pacífica.
La guerra ha transformado los ideales de...
"En ciertos momentos, la única forma de tener razón es perdiéndola".
José Bergamín—.
——————————
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La Armería de la Federación es uno de los lugares más sorprendentes y enormes de la Base Central, un espacio con más de veinte metros cuadrados de espacio donde, además de ser entregar las armas y municiones a los soldados de la Federación, también era la fábrica de tecnología de la misma.
Y el salón de juegos preferidos por los equipos de Élite.
Al haber pertenecido al Equipo de Élite más letal de todos, Artemisa era la más feliz al entrar a la sala. Recordaba con anhelo la primera vez que se topó con Karina Montes, Identificador: Jade, la Maestra Armera del lugar y su antigua maestra en el entrenamiento de Élite. Emprendió la carrera con una enorme sonrisa, ignorando las señas del soldado que los escoltaba.
Al verla salir corriendo, Gabriel se sobresaltó y sonrió. Su hermana estaba feliz y eso lo hacía sentir bien, observó cómo el soldado la intentó detener, mas este lo detuvo.
—Déjala —ordenó Apolo, apretando el brazo del soldado—. Déjala que lo disfrute. —El soldado asintió y se separó, el mellizo comenzó a caminar y a susurrar para sí mismo—. Ella se cohibe demasiado...
—Es la primera vez que la veo sonreír —declaró Mixcóatl, caminando a lado de Gabriel—. De manera sincera, ¿ella siempre es así?
—No es personal —respondió Gabriel, masajeando su cuello—. Solo hay que aprender a confiar el uno del otro.
Sebastián asintió y los Dioses siguieron a la escolta, ellos se detuvieron ante una enorme rejilla, observaron a Emma reír escandalosamente. Gabriel siguió sonriendo al ver la escena, era la primera vez que su hermana tenía una amiga.
La escolta hizo una venia y se retiró, dejando a los Dioses frente a la Maestra Armera.
—¿Estos son tus compañeros? —preguntó una señora de voz dulce, mayor a los cincuenta años, cabello corto platinado, ojos verdes y arrugas marcadas. Emma asintió—. Se ven como un equipo de raros.
—¡Maestra! —exclamó la Diosa, conteniendo una risa, guardando la compostura y observándolos de reojo—. Tienen lo suyo, ¿a que no adivinas qué logramos?
—Bueno, si están frente a mí —dudó Karina, golpeando ligeramente con sus dedos el mostrador—. Entonces completaron las Pruebas. —Emma abrió la boca sorprendida, iba a decir algo pero fue interrumpida por su maestra—. Guaichia nos avisó que cuando terminaran su entrenamiento, vendrían a verme.