| Primera Parte de la Trilogía "Leyenda" |
"El límite entre lo correcto e incorrecto es endeble".
La humanidad ha llegado a la cúspide de su evolución, sin embargo la vida en la Nueva Tierra no es pacífica.
La guerra ha transformado los ideales de...
"El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles, es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, es la oportunidad".
Victor Hugo—.
——————————
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Dos semanas después del escape del "Deidad".
Sebastián abrió los ojos, la cabeza le dolía demasiado y se talló el rostro. Con un ojo abierto, observó la pequeña habitación de paredes y pisos metálicos, intentó moverse mas su espalda le ardía, había estado mucho tiempo en una incómoda posición sobre un horrible catre.
Se levantó con torpeza y llevó su mano al cuello, percatandose en el acto que le habían quitado su armadura de combate y en su lugar, vestía con una camiseta blanca con unos pantalones de cargo negros, llevaba todavía sus botas. Intentó usar su Brazalete, sin embargo, no funcionó, estaba en zona muerta.
—¿Hola? —preguntó el Dios en voz alta, al notar que estaba solo. Su cabeza punzó y encontró unas pastillas con un vaso de agua y una nota—. "Tomatelas, para el dolor de cabeza" —leyó en voz alta, desconociendo aquella caligrafía.
Mixcóatl agarró las dos pastillas y las observó, los recuerdos de la batalla previa lo embriagaron, el dolor en su cabeza se hizo más latente. Estaba en territorio enemigo.
Cerró los ojos, intentando centrarse y se incorporó, cayéndose, sus piernas estaban entumecidas. El Dios se sentó en el piso y trató de buscar un arma con la cuál defenderse, sonrió al ver unas tijeras en la otra punta de la sala.
Respiró profundamente y se incorporó, torpemente, se acercó al pequeño buró y tomó el arma blanca, exhaló y estiró su mano, intentando invocar a Ray.
Este no apareció, maldijo por lo bajo y golpeó la mesa, tirando algunas piezas de metal en el acto.
Escuchó una voz proveniente del pasillo, empuño el arma blanca y se escondió atrás de la puerta. Necesitaba comprobar quién era aquel individuo.
Aguantando la respiración, Sebastián observó a un hombre con el uniforme de la Resistencia entrando en la sala, buscándolo.
—Aquí Bravo 0-4 —dijo el soldado de la Resistencia por radio—. El sujeto no se encuentra, solicito alerta de nivel uno.