| Primera Parte de la Trilogía "Leyenda" |
"El límite entre lo correcto e incorrecto es endeble".
La humanidad ha llegado a la cúspide de su evolución, sin embargo la vida en la Nueva Tierra no es pacífica.
La guerra ha transformado los ideales de...
| Música de Multimedia: Las Siete Trompetas del Apocalipsis (Parte I) - Oscar Navarro |
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"La desgracia nos hace comprender que hemos venido al mundo para algo".
Vicente Blasco Ibáñez—.
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Guaichia se encontraba caminando por el hermoso jardín de la Base Central de la Federación. La noche ya estaba en su punto más alto por lo cual sus subordinados se habían ido a dormir.
Era el único momento del día en el que ella podía soltarse el cabello, quitarse el saco y disfrutar del viento primaveral. Montserrat era feliz después de todo el desastre que había sido su jornada.
La General caminaba entre sus rosales y lirios, flores que ella escogió para su vanidad. Cerró sus ojos e inhaló profundamente.
En su mente sólo había paz
—¡Guaichia! —exclamó Jade, perturbando la tranquilidad de la General—. Tenemos que hablar.
La Maestra Armera comenzó a caminar directo a Montserrat, pisando hierbas y pequeñas flores sin importarle. El olor a aceite y hierro llegó a la nariz de Guaichia.
—¿Qué ocurre, Karina? —preguntó la General, sonriendo mientras cortaba un lirio y lo llevaba a su nariz. Quería evitar el mal olor—. ¿Qué le puedo ofrecer a mi vieja tutora?
—¿Qué planeas hacer? —Karina se acercó a la balaustrada del jardín, necesitaba fumar—. ¿Por qué darles armas modificadas y nuevas?
Montserrat exhaló y se acercó rascando su nuca, ella bien sabía que este plan no era premeditado y arriesgaba todas sus cartas en esta jugada.
Sus Equipos de Élite se estaban agotando y el creador de las tecnologías había desaparecido hace tan solo un año, junto con el accidente del décimo tercer Regalo Divino y ahora quedaban tres equipos activos y eran los únicos que podían proteger la capital de la Federación.
—¿Acaso no es entendible? —declaró la General, sonriendo mientras alzaba los brazos—. Quiero acabar con esta guerra, mis antecesores no pudieron controlar una pequeña rebelión y ahora todo se ha descontrolado.
—Pero traer a tus dos mejores ingenieros a este lugar y darnos tan poco de tiempo —señaló sacando sus cigarrillos de clavo—. Para darles mejoras al equipo...
—No necesito tus regaños —insistió Montserrat, aferrándose al barandal—. Solo quiero que me digas si Garza y tú lograron mejorar el equipo.
—Sí, Garza creó la Piel con ciertas dificultades y yo les di las FDM-05 y PDM-01, ambas modificadas —aseguró, aunque por dentro estaba nerviosa. Mentirle a la General de la Federación era algo arriesgado—. No tendrán problemas...