III | Los Regalos de Ra |

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| Música de Multimedia: Fire - Barns Courtney |

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"Jamás hay que dejar apagar el fuego de tu alma, sino avivarlo".

Vincent Van Gogh—.

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—¿Quién eres? —volvió a preguntar Emmanuel, mientras acercaba su mano al androide

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—¿Quién eres? —volvió a preguntar Emmanuel, mientras acercaba su mano al androide.

Ray dio una vuelta de felicidad sobre su propio eje. Había estado demasiado tiempo en estado de recuperación y sin hablar con alguien.

Durante toda su corta vida electrónica, este solo había interactuando con su Huésped y sus semejantes; sí, su existencia era servir a Sebastián, pero la personalidad que le habían implantado amaba interactuar con otros seres vivos. Y el tacto de Emmanuel era el mismo que el de su dueño. La programación implantada en su programa, simuló felicidad.

—¿Cómo conoces nuestros nombres? —preguntó Sofía acercándose por un lado, retirando a su hijo lentamente.

Ray orbitó alrededor de la pelinegra, ella tenía la firma más cercana a su Huésped original. En su memoria estaba guardado que ella sería quien se encargaría de, en dado caso, de que Sebastián decidiera no regresar.

La esfera electrónica se acercó hacia la ventana y contempló el paisaje. Un sentimiento de falsa nostalgia lo invadió; jamás había visto un lugar tranquilo, en sus memorias, todo era guerra.

—Es un pacífico planeta —declaró Ray, ignorando la pregunta—. ¿Este es el planeta origen de los humanos, Forseti? ¿Aquí vive la Federación?

Héctor se acercó con cautela, relajando sus extremidades, no lo podía creer; había escuchado historias y rumores en los pasillos, pero jamás había pensado que fuesen realidad.

Cada equipo de Élite de la Federación tenía un regalo diferente: unos armamento pesado, otros equipo más avanzado y en otras ocasiones, equipo clasificado. En su caso, los Rojos, tenían cinturones y brazaletes médicos, capacitados con nanobots que se filtraban en el paciente, reparando todo a su paso y una vez cumplida su función, se adherían al huésped para siempre.

Pero nadie tenía acceso a un "compañero", lo más cercano eran las Inteligencias Artificiales que se les otorgaban para las misiones. Pero frente a él estaba un androide, con conciencia propia, no había nada igual.

—Sí y no, es la base de la Federación pero no es nuestro planeta de origen, la Tierra se perdió hace más de cien años, es un lugar incomunicable—respondió Héctor, parándose a un lado—. ¿Cómo sabes nuestros nombres?

—Al escanear la habitación encontré tres firmas de calor —respondió el androide, a la par de que aparecía una pantalla holográfica, para explicarse mejor—. Dos eran reconocidas para mí, gracias a las memorias de Sebastián Márquez. Mientras que tú, Forseti, fuiste desconocido.

Dioses Decadentes: Leyenda I | *Corrigiendo* |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora