| Primera Parte de la Trilogía "Leyenda" |
"El límite entre lo correcto e incorrecto es endeble".
La humanidad ha llegado a la cúspide de su evolución, sin embargo la vida en la Nueva Tierra no es pacífica.
La guerra ha transformado los ideales de...
| Música de Multimedia: Devilʼs Trill Sonata - 3er Movement |
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"Todo hombre tiene un diablo y no descansa hasta encontrarlo".
Michael Wincott—.
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La hermosa luna azul se comenzaba a alzaba sobre los enormes Campos Elíseos, el nuevo nombre en clave de la Base Secreta de la Resistencia. Habían pasado seis meses desde aquel fatal accidente en el que la Federación irrumpió salvajemente y cobró vidas inocentes. El aire frío del crepúsculo penetró por la ventana, dándole un plus a las notas musicales que parecían inundar aquella oficina recién estrenada.
Desde aquel día, Ivaldi dejó de ser un Capitán común y corriente, seis meses en los cuales él se dedicó a forjar su camino. Un semestre en el que su adaptación mejoró y lo convirtió en Comandante de la Resistencia.
—Mi Comandante. —La voz de un soldado hizo girar a Lucifer, quitándoselo de la ventana—. El General quiere verlo.
Lucifer suspiró y pulsó su brazal —una modificación de la Resistencia a los Brazaletes de la Federación, estos eran más pequeños y mucho más maniobrables, esto evitaba que fueran rastreados—, quitó la música mientras frotaba sus ojos, el cansancio lo estaba por vencer.
—Dile que pase —respondió, sentándose en su enorme escritorio de acacia. La habitación se iluminó al notar la escasez de luz solar.
El soldado asintió y se retiró. Él pensaba, ¿cómo era posible haber escalado tantos rangos militares en unas pocas semanas? Aun teniendo su memoria fotográfica, fue una hazaña asombrosa.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el servicio de la puerta, seguido de unos cuantos pasos. Aquellos pasos que hacían estremecer el suelo de la Resistencia.
—¡Estrella de la Mañana! —exclamó el General de la Resistencia, con los brazos abiertos, seguida de una tos que que fue tapada por un pañuelo—. ¿Cómo te adaptas a tu nueva vida?
—Buenas noches, Baal —respondió de forma seca, él odiaba su identificador pero tenía que soportar toda su vida ese estigma—. Me adapto lo mejor que puedo. —Hizo una pausa y vio el pañuelo lleno de sangre—. ¿Se encuentra bien?
El General de la Resistencia era un hombre no mayor a los sesenta años, cabello negro cubierto de canas y lo suficiente largo para estar peinado hacia atrás manteniendo sus lados rapados, con rasgos fuertes y mentón prominente, y unos ojos verdes que resaltaban con su tez trigueña.
Él fue su salvador aquella tarde, cuando la Federación intentó acabar con todos.