Llegada al campamento

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Alex bajó del carro y observó la gran colina que se extendía hasta arriba, del otro lado se encontraba el campamento donde vivió desde los seis años. Donde conoció a su mejor amigo, quien la apoyó y la ayudó a no sentirse sola, pero también pasó malos momentos. El que la rechazaran siendo tan pequeña, el hecho de que su mejor amiga la dejara, el sentimiento de culpabilidad por no poder hacer nada por su amigo. 


Apolo se situó a su lado, con la vista hacia el frente como la tenía ella. Esperó unos segundos a que la niña hablara. 


- Nadie sabe lo de Luke, ¿cierto?


- No. Hermes me pidió que no lo dijera, que probablemente su hijo cambiaría de opinión. 


Alex bajó la cabeza y luego miró al rubio. 


- Supongo que hasta pronto, solecito. 


Apolo sonrió -. Adiós sombritas, nos vemos luego. 


La pelinegra se debatía en cómo despedirlo, una parte suya quería abrazarlo, y la otra quería irse. Al final, el dios se acercó y la abrazó por los hombros. 


- Cuídate, sombritas. Siento no haber podido hacer nada por tu amigo - Alex negó con la cabeza restándole importancia y se separaron -. ¡Ah! Y recuerda: Nada de chicos... - Alex sonrió burlona, y cuando iba a hablar el dios la interrumpió -. ¡Ni chicas!


Alex le guiñó un ojo como despedida y caminó hasta la cima de la colina. Detrás suyo sintió una luz, y al voltear, ya no había nadie. Al frente suyo tuvo la primera vista del Campamento, no podía negar que estaba igual de hermoso que siempre, se veían a los chicos y chicas jugando, entrenando, riendo... En general la estaban pasando muy bien. 


Caminó hasta el portal de madera con la inscripción: "Campamento Mestizo". Lo cruzó sintiendo atravesar una barrera invisible. Una vez dentro, se llevó la atención de unas cuantas personas. Obviamente la conocían, era la hija de Hades, a la que por supuesto, no debían acercarse. 


La pelinegra caminó hasta la Casa Grande con la mochila al hombro y tocó la puerta, de esta salió un centauro. Pero no era cualquier centauro, era Quirón. El hombre-caballo le sonrió. 


- Veo que volviste, Alex. Pasa, pasa...


Se hizo a un lado para que la niña pudiera entrar en la estancia. Dentro estaba tan normal como las veces que lo había visitado. En un sillón, recostado, estaba Dioniso con cartas en las manos, y bebiendo una Coca-Cola light. 


- Alexa - dijo aburrido - ¿no moriste? Ah, no respondas. Me da igual. 


Alex observó aburrida como el dios gruñía. Segundos después el centauro habló de nuevo. 


- ¿Cómo te fue en tu misión, Alex?


- Bastante bien, supongo. La acción no se presentó hasta el final, aunque por lo menos hice amigos. El mago ese está aliado a Cronos, cosa que ya sabía. 

Semidiosa y Bruja (PJO y HP) 1 LIBROHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora