Al día siguiente de esa... no lo sé, no sé ni qué puedo decir de lo que pasó con mi maldito jefe. Decidí enterrarlo y pretender que no ocurrió nada, el anillo que me dio ayer, tan costoso y que brillaba sin necesidad de luz estaba metido en mi bolso como si se tratara de drogas, y para variar, estoy llegando tarde.
Nada más entré en el ascensor... y todo el mundo reparaba en mi existencia. Me miraban curiosos y luego hablaban con la persona que tenían a su lado en voz baja, como si fuera animal en exhibición.
Dios, por favor no.
Respiré hondo, y les lancé una mirada asesina que por lo visto funcionó, porque rápidamente alejaron la mirada. Llegué a mi piso y troté hacia mi oficina al ver por el rabillo del ojo a Oliver, si un rumor estaba en boca de todos, el primero que se habría enterado era sin duda él.
-¡Mara Alves vuelve aquí!- exclamó y lo sentí tras de mí, intenté zafarme pero ya me había tomado por el brazo- ¿Quieres hacer el favor de explicarme qué demonios son todos esos rumores?- espetó, entre maravillado, sorprendido y enojado.
-¿De qué hablas?- dije evitando su mirada.
-¡No te hagas conmigo señorita!- me sacudió juguetón el brazo- Todo el mundo está diciendo que ayer el señor Henderson-
El sonido del ascensor hizo que nos giráramos, y ahí, a paso furioso e impaciente, estaba mi perdición en persona, que se acercaba mortal a mí.
-Oliver- cabeceó hacia él.
-Señor Henderson- dijo éste igualmente, soltándome y yendo de nuevo a su escritorio, quise tomarlo de la mano pero se zafó con éxito, no quería estar sola bajo su penetrante mirada.
-A mi oficina, Alves- dijo en voz baja, y con una mano en mi espalda me guió hasta allá.
No pronunció una sola palabra hasta que estuvimos en su oficina, pasando de largo la mía como si no quisiera que nadie nos viera. Cerró la puerta tras de sí con un golpe seco y yo exploté:
—¡Ya está bien! —me aparté de él lo más posible, con el corazón en la garganta—. ¿Qué demonios pasa? —escupí mientras me arrancaba el abrigo con furia—. Apenas llego y todo el mundo me mira como si fuera un bicho mutante. Y Oliver... Oliver me preguntó directamente por los rumores.
—Dakota. —La palabra salió de su boca como un disparo. Fría. Precisa. Arrojó su maletín sobre el escritorio y comenzó a desabotonarse la chaqueta, luego la corbata, con un gesto cansado, casi mecánico, como si esas telas fueran cadenas que detestaba llevar—. No atendió mis advertencias. Y no solo eso. Corrió la versión de que te hice mi asistente porque estás embarazada. —Lo dijo sin pestañear, encendiendo la laptop como si nada—. Y que solo por eso vamos a casarnos.
La palabra me atravesó. Embarazada. Dejó de importar el resto de la frase, las paredes parecieron cerrarse sobre mí. Si Dakota Brown lograba que un edificio entero creyera eso, ¿qué impediría que lo llevara a los medios?
—¿Mara? —su voz me alcanzó lejana, como a través de agua—. Mara, mírame. Tranquila. —Unas manos firmes me sujetaron los hombros, anclándome a tierra. Su rostro era borroso, pero su tono no: implacable.
Parpadeé y lo vi, por fin. Sus dedos ascendieron hasta mis mejillas, delineando mi cara con una calma desconcertante, como si estuviera domando una fiera invisible en mi interior.
—Esto es mi responsabilidad —dijo bajo, con esa seguridad que cortaba el aire—. Apenas entraste y ya tienes una enemiga. Mi error. Y voy a enmendarlo. —Se inclinó, su voz rozándome como acero envuelto en terciopelo—. Confía en mí.
Me sostuvo la mirada, esperando una respuesta. Yo, atrapada en ese filo entre miedo y rendición, apenas pude asentir.
Sentía mis piernas temblorosas y las manos frías, Adam pareció notarlo y me llevó hasta el cómodo sofá frente a su escritorio, para luego volver a su laptop.
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Broken Sin / 18+
RomanceCuando Mara Alves no logró ingresar a la universidad de sus sueños, se ve obligada a buscar empleo, y el golpe de suerte le llega al recibir el e-mail de "Miller & Associates", la prestigiosa firma de abogados más grande del mundo. Y allí sin saber...
