9- El juicio

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El Palacio de Justicia imponía con su aire solemne. Mármol pulido, pasillos interminables y miradas curiosas en cada rincón. Adam caminaba a mi lado sin siquiera voltear a verme; cada paso suyo era calculado, frío, como si yo fuera invisible. Desde lo de Dakota, así funcionábamos: distantes, eficientes, con palabras medidas y miradas que no pasaban de un parpadeo. Era un pacto tácito de indiferencia que me estaba matando poco a poco.

El caso Eisler vs. Galaverna había reunido a medio mundo del ámbito legal. Ya que desde luego, ella decidió que una contra-demanda le daría finalmente lo que quería, más dinero, más propiedades y la custodia de sus hijos a los que nunca veía.

-¿Señor Henderson, es usted?- oí detrás de mí y nos separamos al instante.

Me giré. Él también. Y ahí estaba ella.

La señora Ishikawa.

Vestía un kimono gris perla, impecable, con esa elegancia que parecía intocable. Su sola presencia dominaba el hall, y los murmullos que la acompañaban eran prueba suficiente de su influencia. Lo peor: ella no venía sola. Un pequeño séquito de conocidos la seguía como sombra.

En cuestión de segundos, Adam reaccionó. Sin mirarme, sin darme oportunidad de pensar, su brazo rodeó mi cintura con firmeza, acercándome a su lado como si siempre hubiera pertenecido allí. Su mano se asentó en mi cadera con un gesto seco, autoritario, que no dejaba lugar a dudas.

—Sonríe —ordenó, apenas un murmullo contra mi oído.

-¡Y Mara! ¡Oh, Pero que agradable sorpresa encontrarlos aquí!- dijo la señora Ishikawa dando un aplauso con las manos y riendo como si se tratara del chiste del año.

-Señora Ishikawa, un placer verla de nuevo- dijo Adam con evidente irritación, pero ella pareció no notarlo, dando una pequeña reverencia tanto como ella- Veo que recuerda a mi prometida, Mara- dijo mirándome con orgullo antes de lanzarme un pequeño guiño.

Sonreí antes de saludarla- Un gusto otra vez, señora- dije alegre, volver a ser la falsa prometida de Adam de pronto me había mejorado el humor.

-¡Oh, basta de formalidades!- dijo haciendo un gesto con la mano, como restándole importancia- Llámenme Yasu, por favor- sonrió y nosotros asentimos cordiales- Pero díganme, ¿Qué los trae por aquí?- preguntó sin siquiera inmutarse por los guardaespaldas que nos empezaban a mirar de pies a cabeza como si trajéramos una bomba.

-Tengo un juicio dentro de- dijo Adam alzando el brazo izquierdo para ver su reloj, hizo un gesto para llevar hacia atrás la manga de su chaqueta, y yo me derretí, mi Dios, ¿Cómo es que ese gesto fue tan sexy?- Mira la hora, treinta minutos, será mejor que entremos, amor- dijo dirigiéndose a mí.

-Oh, sí, yo también debería, por lo visto es a la misma hora que el suyo, vine a apoyar a uno de mis amigos, vaya mujer que le tocó- dijo con un gesto de asco.

Me detuve, quise apuntarla con la mano izquierda, ya que Adam me tomó por la otra para poder entrar, pero la oculté tras la espalda, no llevaba el anillo puesto y eso levantaría sospechas- ¿A qué... amigo está apoyando, Yasu?- dije en una sonrisa que ella correspondió.

-Ah, no sé si lo conocen, pero es el doctor Eisler, ya saben, el director del hospital ese- dijo como queriendo hacer una broma, pero ninguno de los dos la estaba escuchando.

Miré a Adam, con pánico. Todo, absolutamente todo se iría por la borda, con esta señora presente. Él en cambio, se mantuvo tranquilo, pero pude ver que tragaba saliva forzosamente.

-Mire qué casualidad, él es el cliente que represento- dijo Adam luego de unos segundos.

-¡Pero debió decirlo antes! ¡Vamos, vamos, que se hace tarde!- dijo tomando mi brazo y arrastrándome tras ella, y yo a mi vez arrastraba a Adam.

Broken Sin / 18+Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora