No dormí en lo absoluto. Mi cuerpo pedía descanso, pero mi cabeza repetía en bucle la misma imagen: Adam Henderson devorándome la boca en su auto, con esa rabia contenida que me había dejado temblando. Ni la resaca me pesaba tanto como ese recuerdo. Me revolqué entre las sábanas, entre frustración y deseo, preguntándome qué demonios me pasaba para dejarlo llegar tan lejos.
El celular vibró sobre la mesa de noche y casi salté. Oliver. Contesté con voz áspera, esperando que fuera alguna tontería de trabajo.
—Mara, enciende la televisión, ahora —dijo él, con esa urgencia que nunca presagiaba nada bueno.
Rodé los ojos, pero tomé el control remoto. Y ahí estaba: la pantalla en grande, un titular que me congeló la sangre.
"Adam Henderson golpea a un hombre tras ver a su prometida besarlo. Exclusiva de V. Colucci."
Sentí que el estómago se me desplomaba. Mi foto en el maldito artículo, mi nombre apenas disfrazado entre líneas. Las imágenes no mostraban demasiado, solo el alboroto del club, pero bastaba para que medio mundo comenzara a atar cabos.
—Dime que esto es un chiste —susurré, con un nudo en la garganta.
—Ojalá lo fuera —replicó Oliver, con un suspiro cansado—. Sandra y yo pasamos por ti en veinte minutos. Vamos a desayunar. Necesitamos hablar de esto.
Ni siquiera tuve tiempo de protestar. Colgué y me quedé mirando el reflejo pálido de mi rostro en la pantalla apagada.
"Prometida".
La palabra me perforaba la mente como una daga. No era un rumor cualquiera, no era solo Dakota jugando sucio. Ahora era público. Y de pronto, ese beso en el auto se sentía como dinamita a punto de estallar.
El olor a café recién hecho llenaba la cocina, mezclándose con las risitas de Edgar, que aporreaba con su manito el sonajero sobre la mesa como si también quisiera participar en la conversación. O más bien en el interrogatorio.
—Entonces... ¿qué demonios pasó anoche? —preguntó Sandra, mirándome con esos ojos de bisturí que no perdonaban ni el más mínimo gesto.
Me removí en la silla, jugando con la taza entre mis manos. Oliver, a su lado, parecía igual de tenso, aunque su estrategia era la opuesta: callar y esperar a que yo hablara.
—Nada —mentí, encogiéndome de hombros—. Un malentendido en el club.
Sandra arqueó una ceja.
—Un malentendido no aparece en los titulares como "Adam Henderson golpea a un hombre porque su prometida lo besó".
Tragué saliva. Ni siquiera podía rebatir eso. Edgar empezó a balbucear como si se burlara de mí, y lo tomé en brazos, agradeciendo al menos la distracción. El calor de su cuerpito era lo único real en medio de ese torbellino.
—Lo que no entiendo —intervino Oliver por fin—, es si Adam va a usar esto como excusa para despedirnos a todos. No le temblaría la mano.
Rodé los ojos- Por favor, si lo hace admitiría los rumores, es un idiota pero es inteligente... o eso quiero pensar-
Mi celular entonces volvió a sonar por segunda vez en el día, y sentí la sangre helarme hasta las uñas al ver el nombre: Adam Henderson.
-¿Qué pasa?- preguntó Oliver y se inclinó sobre mi para ver mejor; soltó un grito ahogado al segundo- ¡Ni se te ocurra contestarle!-
-¡Si no lo hago seguirá llamando hasta que lo haga! ¡o vendrá hasta aquí!- exclamé desesperada.
-¡Pues hazlo de una vez y lo despachas rápido!- exclamó Sandra acercándome el celular con ímpetu.
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Broken Sin / 18+
CintaCuando Mara Alves no logró ingresar a la universidad de sus sueños, se ve obligada a buscar empleo, y el golpe de suerte le llega al recibir el e-mail de "Miller & Associates", la prestigiosa firma de abogados más grande del mundo. Y allí sin saber...
