X: Cristal

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Llegamos a la entrada con ruidosa rapidez. Me tuve que apoyar sobre mis rodillas para tomar un poco de aire.

Vipe estiró su espalda soltando un suspiro de queja.

— ¿A dónde fue la fiesta?

— Esto no me gusta —Admitió Edward—, apesta a trampa.

— Apesta a que nadie recuerda la última vez que tomó un baño —Explicó Vipe.

— No tenemos muchas opciones —Se limitó a decir Charlie.

— Puede que Sorty nos haya dado un chance para colarnos —Incluí—, y se sacrificó como carnada.

— Entonces los gladiadores deben estar entretenidos con ella y nosotros perdiendo tiempo valioso —Apoyó Charlie.

Edward hizo una mueca de inconformidad y sujetó con más fuerza su martillo.

— ¡Vamos!

Seguimos a Edward y a Vipe por los pasillos en un estado de alerta ridícula. Los corredores estaban decorados con manchas de sangre, objetos caídos y una que otra pared derrumbada. Al pasar junto al baño tuvimos que esquivar una inundación considerable.

— ¡Maldito sea!, no importa cómo le hagamos, ¡nos vamos a empapar! —Protestó Vipe poniéndose de puntillas.

— ¿A orejas perforadas le da asquito un poco de agua sucia? —Bromeó Edward.

— Si solo fuera agua sucia... —Murmuró Vipe.

Tuvimos que continuar andando con los pies mojados haciendo un cómico sonido de chapoteo. Inconciemente bajé la guardia, no veíamos a ningún gladiador en los alrededores y solo Edward parecía mosqueado por ello.

Me quité el sobretodo y se lo devolví a Vipe, que jugaba con un hira shuriken dándole vueltas. Charlie, a mi lado, empezaba a cansarse por mantener la katana desvainada frente a él, con una mano en la parte superior de la empuñadura y la otra en la parte inferior.

— ¿Tu kenjutsu flaquea, Charlie? —Le pregunté, divertida.

Sonrió.

— Hablo mucho de esto, ¿verdad?

— No tanto como se habló en Japón durante el periodo Muromachi.

Volvió a sonreír.

— Había olvidado mi pequeña obsesión.

Cuando éramos niños me desesperaba la "sabiduría" de Charlie. Sin embargo, mucho de lo que sé hoy día es gracias a él y Ainhoa. Ella me enseñó a leer los libros que nos encontrábamos en la Escuelita, casi todos antiquísimos, de los años 2000, y de Charlie aprendí sobre su pasión: Las culturas asiáticas. A pesar de ser medio analfabetos nos podíamos jactar de ser bien cultos, cualidad que alimentábamos robando en bibliotecas, tiendas de audiovisuales y pequeños museos. Lugares sagrados olvidados por la humanidad.

— Ya estamos cerca —Canturreó Vipe.

Miré a mi alrededor, estábamos atravesando un pasillo ancho. A ambos lados se extendían unas jaulas vacías y mugrientas.

— ¿Aquí guardaban a los perros o algo así? —Pregunté, sin esperanzas de sorprenderme.

— No exactamente, estás viendo las habitaciones de los gladiadores promedio —Me corrigió Vipe.

<<"No somos basura experimental, somos personas">>

— Un gladiador es aquel que fue cazado como un perro y entrenado para morir por su Amo, tras una libertad que nunca llega y una fama maldita —Dijo Edward—. Portador de la muerte y destinado a morir sin gloria.

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