Una "amistad" de novela...

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El día terminó tan deprisa como había comenzado. Charlie y yo aprovechamos para darnos una escapadita de los demás.

— Wao, ¿duele?

— No, solo... es electrizante —Confesé.

Mis brazos alumbraban en medio de la oscuridad, incluso más que la katana de Charlie. Los movía y la luz viajaba de mi mano al codo, del codo hasta el hombro, y regresaba a la punta de los dedos.

— Cristal, estas capacidades que tienes son...

— ¿Poderosas?

— Peligrosas... es mi culpa.

— Puede ser —Dije, quitándole importancia al asunto.

Apretó mi cuerpo contra el suyo, rodeandome con sus brazos. Allí arriba, recostados en la punta de una grúa de descarga que quedaba sobre el mar, el cielo nocturno estaba menos nublado. Podíamos ver una que otra estrellita.

— Todo en este mundo... es tan loco —Dije después de unos minutos de silencio disfrutando de la compañía del otro—, sigo sin poder creer lo que vamos a hacer.

— No sé si es buena idea, a mí me gusta nuestro mundo —Afirmó él—, no importa que piensen del SUB-Pueblo, tiene su encanto.

Me separé de sus brazos, perpleja.

— ¿Te parece bien que pocas personas sepamos leer?, ni hablar de escribir, ni tú ni yo sabemos.

— Cristal...

— ¿Que nos robemos unos a los otros?, ¿que nos vayamos a dormir con el estómago vacío casi siempre?

— Yo no...

— ¿Que no sepamos lo que es una vida normal, sin armas y con un hogar?

— Oye...

— Que no tengamos familia.

— Tú eres mi familia.

— ¡Está mal, Charlie!... Has cambiado. Antes eras te creías capaz de mejorar el mundo. Ahora eres tan tranquilo, todo te parece bien. No eres tú.

El viento sopló con fuerza, como queriendo llenar el silencio incómodo que precedió mis palabras. Mi decepción era enorme, mi desconfianza, mayor.

— Ven aquí —Pidió inclinándose hacia delante—. Puedes enojarte, pero si te resfrías me enojaré yo.

Volvimos a quedar en la posición inicial.

— Extraño a Ainhoa —Solté.

Maldición, cómo me hacía falta. Ella fue quien nos llenó de fantasías nuestros sueños, con cuentos de castillos y dragones, las noches de mayor depresión cuando éramos unos niños huérfanos. Quien se empeñó en enseñarnos el significado de las palabras e intentó inculcarnos la escritura. La única que nos motivaba a creer que una vida normal era posible.

— Yo también, ella hubiera sabido si lo que vamos a hacer mañana es lo correcto.

Pensé en sus palabras. Ainhoa primero se hubiera negado a exponernos al peligro de esa manera, pero luego no hubiera podido dormir tranquila sabiendo que rechazó la oportunidad de hacer un gran cambio y nos hubiera lanzado a la guerra sin más.

Sonreí. Estábamos haciendo justo lo que ella quería.

<<"Alguien tiene que dejarles claro que no somos basura experimental, somos personas, ¿entiendes?">>

Ya no me sentía una persona capaz de hacer chistes como antes o comparar los riesgos con un juego.

<<"Corre como Flash y no solo tiene visión nocturna, sino que también brilla es la oscuridad">>

Pero no pude evitar reír para mis adentros, recordando que ahora tenía una nueva pandilla de locos dispuestos a morir y a un Charlie pensativo que me miraba como si fuera una deidad y callaba con facilidad.

Acaricié sus brazos con mis manos.

— Bueno, haz lo correcto y no vuelvas a dejarme sola.

Charlie pareció sorprendido, calmó el gesto y sonrió.

— Nunca más.

Sus manos sujetaron las mías, ese contacto siempre me tranquilizaba.

— ¿Bajamos ya? —Pregunté.

— No, quedémonos aquí hasta que las estrellas desaparezcan, quizás esta sea la última noche que podamos pasar así, en paz.

Desee mucho que estuviera equivocado, que se nos diera la oportunidad de más momentos como aquel, ajenos a la realidad, pero, ¿me valió de algo haberlo deseado?... Pues...

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