XXII: Cristal

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Paz: Sosiego al que no tenía derecho ni por cinco minutos.

Salí del jacuzzi de un brinco, me envolví en la primera toalla que encontré (En vez de agarrar el albornoz que estaba justo al lado) y corrí al vestidor. Entré en los jeans anchos y camiseta blanca preparados para cuando terminara mi baño relajante.

<<¿Qué son esos golpes? ¿Nos han encontrado de nuevo?>>

No sabía si estaba nerviosa o rabiosa, pero me temblaron las manos al coger la katana.

Tan pronto puse un pie en el corredor la mansión cambió su configuración a "modo defensivo". Algunos interruptores y luces se apagaban de momento, en compensación, equipos de limpieza automatizados volaban o corrían hacia la batalla.

Seguí aquellos combatientes hasta el alboroto en la sala. El espectáculo me dejó de piedra.

— ¡¿Guz?!

El mercenario desvió la pistola con que apuntaba a Tailon hacia mí. Soltó amargas carcajadas.

— ¡Miren nada más quién se quedó con mi regalito! ¿Por qué no me extraña que estés aquí?

Escupió al piso.

— ¡Rodeado de traidores!

— Las cosas no son así —Me defendí.

Vi rostros conocidos detrás de Guz, chicos con los que había asaltado una que otra vez, y muchos más luchando contra los equipos automatizados que les venían encima. Los gemelos, Mayor y General, sostenían entre ambos a Machín, el pobre androide chispeaba por sus heridas.

Guz, con la otra pistola en la mano, levantó el mentón de Machín.

— Dile cómo tu amo intentó engañarme y te envió con las manos vacías.

— Guz, esta no es la forma... —Empezó Tailon.

Guz volvió a apuntar a Tailon, interrumpiendolo.

— ¿Quieres dialogar ahora que volé la entrada de tu cuevita?

— Siempre quise dialogar.

— Me engañaste. Le diste MI espada a esa traidora.

Esquivé una licuadora asesina que casi chocaba con mi pie.

— ¿Qué quieres decir? —Me extrañé.

— ¡Tomaste mi espada y huiste con los otros dos traidores! —Explotó Guz, apuntándome de nuevo.

Disparó, era demasiado viejo para andarse con rodeos. Prediciendo esa reacción usé la hoja de la katana para desviar el disparo mientras trataba de esquivar. Sorty fue más rápida y se puso frente a mí.

— Sorty...

Ella recibió el disparo, sonrió y se abalanzó sobre Guz y su gente.

Era todo un caos. Las balas, plumas de muebles y vidrios de la araña en el techo, llovieron cuando logré cubrirme detrás de una pared. ¿Atacar o defenderme sin herir a nadie? Por más hijo de perra que fuera Guz, él me había criado y esos eran mis excompañeros.

Tailon había activado la súper velocidad de sus piernas y zigzageaba entre los atacantes hasta desarmarlos y tirarlos al piso. Guz, guiado por la ira, no paraba de disparar como un maniático a la pared en la que me ocultaba, dificultando que pudiera moverme.

Cayó al suelo cuando Sorty impactó con él, motivando mi salida a la acción, pero ya la mayoría de jóvenes habían quedado inconscientes. Sorty se puso encima del mercenario aplicándole una llave.

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