Nos ocultamos detrás de una grúa cercana al buque y tuvimos cuidado al espiarlos de lejos para que no notaran nuestra presencia. Eran los Mutantes, los experimentos fugados del laboratorio más peligroso de la Macro-Ciudad, se seguro ya nos habían visto llegar, pero no fueron a nuestro encuentro.
Desde el escondite nos llegaba la música de fiesta, risas, el quebrar de copas cuando caen al suelo y el brillo de centenares de luces de Navidad que abrazaban todo el buque. Distinguimos además a varios mutantes conversando en el exterior, sin aparentar preocupación o alerta por nosotros.
— Bien, Cristal, contamos contigo —Dijo Tailon—. Recuerda, debes encontrar al experimento que esté al mando, no hables con ningún otro.
— Cuentas con que voy a salir de ahí en una pieza —Dije.
— Lo harás, lo sé. Tú los liberaste.
— Y pensaba que los gladiadores eran seres extraños —Confesó Lily escudriñando en el físico de varios experimentos.
— Tú y yo nos quedamos aquí —Le recordó Tailon—. Han evitado nuestra presencia hasta ahora, esperemos que sea así hasta el final.
— ¿Crees que sepan que estamos aquí? —Pregunté.
— Lo saben, de todos los grupos y organizaciones al que no debemos subestimar en lo absoluto es este... quizás te esperen con alguna trampa.
— Entiendo... regreso al rato —Dije y me dejé de ocultar en dirección al buque.
A medida que me acercaba y a pesar de que el ambiente no daba señales visibles de hostilidad, una palpitante necesidad de ponerme a alerta me oprimió el cuerpo. Ninguno de los experimentos que se divertían en la cubierta se fijaron en mí hasta que subí la escalerilla oxidada y mis pies se plantaron en el buque.
Había un cantina y el propietario también detuvo sus tareas, la música dejó de sonar, incluso las luces tintinearon. Lo único que contrastaba con aquella quietud eran los ruidos de peleas dentro del buque.
Todos los ojos se giraron hacia mí, algunos más raros que otros, pertenecientes a seres de apareciera inhumana en uno de cada cinco mutantes y todavía habían quienes mantenían la bata del laboratorio. Vi cuerpos encorvados, demasiado altos, muy bellos, olorosos, escamosos, inexplicables.
<<Tú busca al jefe, Cristal —Me dije—, no tienes nada que darle conversación a esta... ¿gente?>>
— Vine a ver a vuestro jefe —Dije.
No dejaron de mirarme, pero de entre la silenciosa multitud apareció un hombre bajo, famélico y de extremidades ennegrecidas que me sonrió con un par de ojos y colmillos amarillos.
— ¿Tú...? —Me aventuré.
— ¡Oh!, no, no, no. Demasiado pequeño para controlar a todos estos infelices JAJAJA.
— ¡EY!, Chernovyl, controla tu lengua —Gritó el cantinero y continuó preparando bebidas.
Como si hubiera sido un mandato para todos, la música se reanudó y los ojos dejaron de analizarme. Solo Chernovyl continuaba sonriéndome.
— Venga por aquí, sujeto de prueba 476651.
— ¿Cómo sabes mi número?
— Es lo que nos quedó, nuestros números de prueba es lo que somos ahora. Nunca podremos olvidar el de ninguno.... ¡Por aquí!
Chernovyl empezó a alejarse tambaleante y yo tuve que seguirle el ritmo esquivando a los demás presentes. Cuando pasamos junto a la quinta no pude evitar observar al cantinero, un hombre robusto y calvo con tornillos que sobresalían de su médula espinal. Andaba sin camisa y no tenía uñas.
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AntiSISTEMAs ✅
Science-fictionEl SISTEMA es la mayor expresión del poder en este mundo dominado por la tecnología, sin embargo, un grupo de héroes, o mejor dicho, de desgraciados, intentará acabar con este. ¿Por qué?, porque cada uno tiene su propia historia llena de injusticias...
