LENA.
Años antes.
Mis padres me pidieron que no nos moviéramos de nuestro lugar.
—Este lugar es increíble—comenta Maddie viendo alrededor—. ¿De verdad podemos comer lo que queramos?
Asiento.
Ella está más que maravillada con la pastelería de mi familia.
—Con la condición de no movernos de aquí.
—¿Por qué?
—Ya te lo dije, cosas malas pasan cuando estoy cerca.
Ella asiente resignada.
Mi mamá se acerca sonriente hacia nosotras con una bandeja repleta de dulces.
—Gracias, mamá—agradezco en cuanto deja la bandeja en la mesa.
—No es nada, niñas—nos sonríe y luego me mira—. Recuerda el trato, Lena.
Asiento y ella se va.
Maddie ataca de inmediato los dulces haciéndome reír.
—Más despacio, te vas a atragantar.
Ella se encoje los hombros y continua.
Un rato después ambas terminamos con todo lo que mi mamá nos trajo.
—Estaba delicioso—escucho comentar a mi amiga.
—Lo estaba.
Ella vuelve a ver a su alrededor, pero su mirada se detiene en un punto específico. La puerta de la cocina.
—¿Tus padres pidieron que no nos moviéramos por ti?—habla sin despegar la mirada.
—Eso creo...
Ella voltea a verme.
—Pero no por mí—sonríe.
Creo saber cuál es su idea y no me agrada nada.
Antes de que pueda hablar ella se levanta y camina hasta la puerta.
—Maddie...—susurro, pero ya es tarde, se perdió dentro de la cocina.
¿Qué voy a hacer?, mis padres me va a reprender.
Dudo un rato en si seguirla y finalmente lo decido. Me levanto de donde estoy para ir por donde se fue Maddie.
Dentro todos parecen ocupados y no se percatan de mi presencia. Localizo a Maddie intentando agarrar un pastelito de uno de los mesones altos, pero su estatura le complica la tarea. Me apresuro hacia ella y tomo su muñeca.
—No podemos estar aquí—le digo intentando arrastrarla a la salida.
Me detiene.
—Solo voy a tomar uno de esos y nos vamos, nadie sabrá que estuvimos aquí, lo prometo—dice señalando los pastelitos.
—Bien, pero que sea rápido—me resigno.
Ella intenta sin mucho resultado tomar el pastelito. Al ver que no lo logra luego un rato de intentar, se detiene y parece estar pensando.
—¡Tengo una idea!—habla de pronto, lo que me sobre salta—. Pon tus manos y ayúdame a subir un poco.
Lo dudo bastante, no parece una buena idea. Finalmente me convence poniendo cara de cachorrito suplicante. Suspiro y me agacho poniendo mis manos para que coloque su pie. Ella lo hace y la ayudo a tomar impulso.
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El Otoño Perfecto
أدب المراهقينDesde que Lena tiene memoria sus otoños han sido invadidos por la mala suerte. Razón por la cual, con el pasar de los años se volvió una persona poco sociable que rara vez participa de los eventos escolares en otoño por el miedo a lo que podría pasa...
