Capítulo 6🍁

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LENA.

Jueves.

Realmente tengo que estar loca. No puedo creer que acepte. Prácticamente me dedique casi toda mi vida a evitar a las personas y ahora voy a estar en un grupo donde tengo que relacionarme con otros. Genial, simplemente genial.

Las cosas van a salir mal, lo presiento. Después una turba de estudiantes va a perseguirme por todo el pueblo con antorchas.

—Tal vez debería saltar de un puente ahora—murmuro.

—Si lo haces trae antes lo de la lista de las compras, la alacena está casi vacía—comenta mi hermano preparando el desayuno.

—Claro, porque las compras son más importantes que mi vida.

—Exacto, hermanita.

Ruedo los ojos y continúo con mi desayuno. Agradezco que hoy se levantara más temprano y decidiera cocinar. Generalmente no desayuno, pero hay días en la que tengo la fortuna de que mi hermano se despierte antes. Lo prepararía yo misma, pero tengo prohibido usar la cocina.

El sonido del toque de la puerta capta mi atención. Debe ser Hamilton. Cuando supe que mi hermano prepararía el desayuno le dije que viniera. Si, tal vez nos estamos aprovechando un poco de él. En mi defensa, me pareció de muy mala educación dejarlo sin desayunar.

—¡Si eres el niño inglés, entra!—exclamo.

Mis padres acaban de ir a la pastelería, por lo que no hay problema si hablo fuerte a estas horas.

Parece dudar, porque la puerta tarda unos segundos en abrirse.

—¿Lena?—escucho la voz de Hamilton.

—¡En la cocina!

Al instante lo veo aparecer por la puerta de la cocina.

—¿No conoces lo que es la inseguridad?—pregunta—. Podría ser un asesino en serie o algo así.

—Un asesino en serie no tocaría la puerta—argumento.

—Buen punto.

Mi hermano sirve comida en dos platos y los deja sobre el mesón donde estoy desayunando.

—Siéntate, Hamilton—ordena mi hermano—. Esta mañana yo soy su cocinero personal.

—¿Cuándo no lo eres?—cuestiono divertida.

Él me envía una mala mirada, ante lo cual rio.

—Vamos, no te enojes—le digo a mi hermano—. Si no fuera por ti nuestros padres ya nos habrían intoxicado.

—¿Tan mal cocinan?—pregunta Hamilton sentándose.

—Mal no es la palabra, catastróficamente mal se acercaría más—comenta Tanner también tomando asiento.

—Casi queman la cocina, tres veces—digo divertida.

—Y mama rompió un microondas—agrega mi hermano.

—Son pasteleros, ¿No se supone que saben cómo manejar una cocina?—pregunta.

—Se supone—ríe Tanner.

Mis padres pueden ser increíbles pasteleros, pero, por alguna razón, también pueden ser un desastre para cualquier otro tipo de comida. No es que no lo intenten, pero nunca sale bien. Así como yo tengo prohibido usar la cocina, mi hermano también se los prohibió a ellos. A veces es como si el mandara y fuera el más responsable de esta casa.

Reviso la hora en mi celular. Deberíamos salir en 10 minutos.

—Hamilton, apúrate, se hace tarde.

El Otoño PerfectoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora