Quejas

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Unas pequeñas palabritas antes de que lean, jajaja.

Como había prometido, les traigo dos capítulos, esto como compensación por el tiempo que estuve enferma y no pude actualizar, también estoy subiéndolo en sábado, jajaja. Les daré un aviso al final del capítulo y también les dejaré una preguntita, que espero que respondan, ahora lean tranquilamente.

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El día en que Temari decidió casarse con alguien de Konoha y abandonar a sus hermanos en Suna, fue el día más difícil para ella. Sabía que amaba profundamente a Shikamaru y era muy feliz al estar esperando un hijo de él, pero también amaba demasiado a sus hermanos y no quería dejarlos solos, Gaara y –en especial– Kankuro, eran un completo desastre sin ella, o eso pensó al principio, pero después de dejar a su hermano menor ya casado y en espera de su hijo, creyó que era prudente dedicarse a sí misma, así fue como se aventuró a su nueva vida.

Su hijo Shikadai era casi un calco de Shikamaru, a pesar de tener algunos de sus rasgos, era mucho más parecido a su padre de lo que a ella le gustaría, ya que se la pasaba flojeando, aunque sólo era un niño de cinco años, siempre tenía que regañarlo. Esa tarde, Shikadai había ido a entrenar con Inojin o Chōchō, los hijos de Ino y Chouji, que hacían equipo con él, pero ya había pasado algún tiempo y éste no volvía a casa para la cena.

—Seguramente se quedó dormido viendo las nubes por ahí, este niño... —murmuró con enfado, mientras caminaba por las calles de la aldea.

Estando en ello, notó que Sakura estaba saliendo de su casa, llevaba equipaje como para varios días y su pequeña hija estaba a su lado, tomando su mano.

—Mamá, ¿volverás pronto? —preguntó Sarada, frunciendo ligeramente sus labios, últimamente, Sakura salía bastante de la aldea debido a sus investigaciones médicas.

—Haré todo lo posible por terminar rápido, pero mientras tanto, Naruto y Hinata cuidarán bien de ti —dijo la peli rosa, dedicándole una sonrisa a su hija.

—Sakura —Temari la saludó, ya que ambas eran bastante cercanas desde que la rubia había comenzado a vivir en la villa y se casó con uno de sus ninjas, no eran mejores amigas, pero tenían un buen trato—. Veo que llevas ropa para el desierto, ¿irás a Suna? —preguntó curiosa, para ella era normal reconocer a cualquier viajero que se dirigiera hacia su pueblo natal.

—Oh, Temari-san, hola —le respondió la doctora, asintiendo—. Sí, voy a Suna con Tsunade-sama...

Escuchar eso, sorprendió a la rubia, que las dos mejores ninjas médicos de la hoja fueran juntas hacia Suna, sólo podía significar una cosa; había problemas.

—¿Sucedió algo malo con alguno de mis hermanos? —se atrevió a preguntar, frunciendo el ceño.

En ese momento, Sakura supo que no podía decirle mentiras a la hermana del Kazekage, que, claramente, no tenía la menor idea de lo que había estado sucediendo.

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Matsuri ingresó con cautela a la habitación del pequeño Shinki, quien se encontraba recostado en su cama, con sus ojos cerrados, pero apenas la sintió, los abrió.

—¿Querías verme, Shinki-kun? —habló ella, manteniéndose de pie junto a la puerta, no quería acercarse más para no ponerlo incómodo.

Los ojos de Shinki se clavaron en ella, a pesar de no ser del mismo color que los de Gaara, su mirada era la misma, era igual de intensa, igual de intimidante; pensar que sólo era un niño era difícil.

—Sí —respondió, sentándose con dificultad en su cama, a lo que Matsuri corrió a ayudarlo, olvidándose de mantener la distancia, pero el pequeño apartó sus manos—. Yo puedo solo —aclaró.

Nunca Hubo AmorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora