Familia (Parte 2) Final

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Y bueno, aquí estamos, por fin con el final de la historia, peroooo, todavía queda el epílogo, lo cual les voy a comentar al final, jajaja.

Advertencia: Contenido lemon.

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Habían pasado algunas semanas desde que ya todos estaban en Suna, Gaara había conseguido recuperar el trabajo atrasado y pronto llevarían a cabo un juicio para la exiliada miembro del consejo, Karima. Actualmente, la planeación de su ceremonia de bodas estaba tomando bastante de su tiempo y del de Matsuri, por lo que ambos casi no se veían durante el día y, por las noches, estaban demasiado cansados, sólo charlaban un rato y se dormían. Esa noche, después de coordinar un par de cosas con su cuñada Sari –que estaba organizando todo junto a Kankuro–, el Kazekage llegó a su hogar algo tarde. Sus hijos ya estaban dormidos, lo supo porque no había ruido en la casa, ambos eran bastante escandalosos, ya que se la pasaban practicando con su arena.

Se dirigió a su habitación y vio que Matsuri ya estaba acostada, así que se quitó su túnica y la parte superior de su traje ninja, luego siguió con los zapatos y los pantalones, metiéndose a la cama sólo en bóxer. Abrazó a su mujer por la espalda, simplemente quería sentir su calor para descansar mejor, pero no contaba con que ella estuviera despierta.

—Mh, ¿Gaara? —lo nombró, dándose la vuelta en la cama para poder ver su rostro—. Te estaba esperando.

Gaara, que había sido tomado por sorpresa, se estremeció cuando las manos tibias de Matsuri tocaron su torso desnudo, desde antes del secuestro de sus hijos, no habían tenido ese tipo de contacto tan cercano e íntimo, Gaara temía que la pudiera lastimar ahora que ella estaba en estado, por eso se había mantenido alejado.

—¿No tienes sueño? —preguntó él, acariciándole una mejilla—. Te ves algo cansada.

Matsuri negó con la cabeza —No, estoy bien, quería estar contigo —respondió, acercándose sin pudor a los labios del hombre. Lo besó lentamente, dulcemente, embriagándolo poco a poco, haciéndolo sentir como si sus labios fuesen un poderoso elixir, sumamente adictivo, que lo consumía de sed. Para cuando Matsuri rompió el beso, el mismo Gaara volvió a urgir la unión de sus labios, porque, a pesar de haberse demostrado su afecto con besos y caricias durante las pasadas semanas, él sabía que quería mucho más que eso.

Cuando se dio cuenta, ya la tenía acorralada debajo de su cuerpo, mientras le besaba el cuello y ella dejaba escapar innumerables suspiros y algunos cuantos gemidos, los cuales no hicieron más que excitarlo rápidamente.

—Matsuri... —la nombró con voz ronca y quebrada, apenas susurrándole al oído—. Será mejor que nos detengamos aquí, podría hacerte daño...

Él hizo el intento de levantarse, pero la chica lo rodeó por el cuello, impidiendo que se moviera, lo miró a los ojos con necesidad y deseo, estaba claro que no podía seguir esperando.

—Amor, hace semanas que estoy bien —dijo con cierto berrinche—. ¿En serio me vas a rechazar?

Gaara estaba absorto, ella no sabía el trabajo que le costaba contenerse para no tomarla todas las noches, por supuesto que se moría por hacerle el amor, simplemente no quería ponerla en riesgo, y sí, tal vez estaba siendo demasiado exagerado, pero era mejor eso a arriesgarse a que saliera herida ella o el bebé.

—Sólo no quiero lastimarte... —respondió, su expresión contrariada le indicó a Matsuri lo mucho que él también sufría por eso, todavía más, cuando ella rozó su entrepierna con una de sus rodillas—. M-Matsuri...

—Estoy bien, Gaara —volvió a insistir—. Ya lo consulté con la doctora y dijo que era seguro —esta vez susurró al oído del pelirrojo, quien sentía que su temperatura corporal aumentaba de a poco, empezando por esa zona que cosquilleaba ante el suave aliento femenino—. Quiero que me hagas el amor...

Nunca Hubo AmorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora