Los dos hombres fueron arrojados al calabozo con brusquedad, ambos tenían la cabeza encapuchada y las manos amarradas detrás de la espalda. Cayeron al suelo y se quejaron de dolor, pero ninguno parecía intimidado.
—¿Cómo se atreven a hacernos esto? ¿Acaso no saben quiénes somos? —cuestionó el hombre de cola de caballo, mientras su compañero apretaba los dientes.
—Son miembros de la familia Saikuron —una voz frente a ellos respondió, era una mujer—. Un clan ninja del país del océano, con muy mala reputación, por cierto.
El sujeto calvo rugió de rabia —¿Tú qué sabes, maldita mujer? —cuestionó, lanzándose en una embestida a ciegas hacia quien tenía enfrente, pero recibió una patada en la espalda de parte del ninja que lo había capturado, haciéndole soltar un alarido de dolor.
—Yo sé muchas cosas —contestó ella, sonriendo, acercándose un poco más hacia la luz, solamente entonces su rostro fue visible, aunque no para esos dos; era la anciana del consejo de Suna—. Deberías aprender a escuchar antes de reaccionar, vulgar delincuente.
—No tenemos nada contra su aldea —dijo el hombre de cabello largo, él se mantenía sereno, aunque estaba alerta en caso de cualquier cosa—. Hemos venido tras una persona que se refugió aquí, cuando la atrapemos, nos iremos —explicó—. Pueden ver su fotografía en el bolsillo derecho de mi pantalón.
La anciana del consejo le hizo un gesto a su escolta, el cual revisó y encontró la fotografía rápidamente, entregándosela. Ella la miró y sus ojos se abrieron de sorpresa.
—Vaya, pensaba contratarlos para acabar con esta escoria —comentó sonriente—. Pero veo que tenemos un objetivo en común.
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Después de su visita a su amiga Sari y de que Aika regresara sigilosamente, Matsuri y su hija se encontraban aun en casa del Kazekage, era una mansión bastante grande, digna del hombre más poderoso de Sunagakure. Ambas estaban en la sala, Matsuri le cepillaba el cabello a Aika, la cual le había pedido que le hiciera un peinado que a ella le gustaba.
—¿Así es como lo querías? —preguntó Matsuri, comenzando a trenzar el pelo de su pequeñita, la cual sostenía un espejo frente a ella y sonreía complacida.
—Sí, mami, es muy bonito —contestó alegremente, agitando sus piecitos sobre la silla en donde estaba sentada.
En ese momento, el sonido de la puerta las distrajo a ambas, pero solo Matsuri miró hacia ese lugar, puesto que su hija se encontraba entretenida con su imagen. Lo primero que Matsuri divisó, fue la figura del hombre que amaba con locura, seguido de los ojos indiferentes del pequeño Shinki, que, al verla, se crisparon de rabia.
—¿Qué hace esta mujer aquí? —preguntó el niño, con cizaña en la voz. Alzó la mirada y buscó desesperadamente los ojos de su padre—. ¿Por qué está aquí?
Gaara frunció el ceño y Matsuri abrió su boca, intentando decir algo, pero nada se le vino a la mente, no creyó que Shinki pudiera exigir la razón de su presencia nada más verla.
—Shinki —dijo Gaara en tono tranquilo—. Ella es...
—Sé quién es, padre —interrumpió el menor, mientras apretaba sus puños y su expresión se tornaba cada vez más turbia—. Es la mujer por la cual nunca quisiste a mamá.
Gaara se sorprendió al escucharlo, ¿en serio su hijo acababa de decir aquello?
—¡Shinki! —exclamó, pero de nada sirvió su tono de regaño, su hijo salió corriendo antes de que pudiera pronunciar otra palabra. A Matsuri se le cayó el cepillo con el cual peinaba a Aika y ésta se bajó de la silla con expresión de seriedad, su hermano ni siquiera la había mirado, todo lo que hizo fue insultar a su mamá.
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Nunca Hubo Amor
RomanceGaara se ha enamorado de una kunoichi de otra aldea, pero las cosas no resultan como él quería y acaba sufriendo por el desamor. Matsuri, quién siempre lo ha amado, hará todo lo posible por curar su dolor, sin importarle salir lastimada en el proces...
