La manzana cayó del árbol al suelo, desde donde fue recogida por aquella mano pequeña. La niña limpió la fruta con la tela de su vestido y luego le dio una mordida.
—¡Deliciosa! —exclamó felizmente, la manzana estaba jugosa y dulce, era su fruta favorita. Se sentó sobre el césped a comer tranquilamente, pero cuando estaba en ello, escuchó el sonido de una rama romperse. Alzó su vista y vio a un grupo de hombres parados frente a ella, eran alrededor de diez, todos tenían el rostro cubierto y portaban bandanas ninja, cuyo símbolo era una espiral.
—Pero miren a quién tenemos aquí —dijo uno de ellos, acuclillándose frente a la pequeña de cabellera castaña—. Es nada más y nada menos que la hija de esa maldita perra.
—Hermano, hoy estamos de suerte —dijo otro del grupo, dando un paso hacia adelante, mientras la niña sólo les ignoraba, concentrada en su manzana.
Los ninjas de la familia Saikuron, quiénes llevaban ya años tratando de recuperar su antigua gloria, finalmente tenían la oportunidad de deshacerse de esa molesta mocosa, la hija de su peor enemiga.
—Oye, niña —la llamó aquel que estaba agachado, tratando de captar su atención—. ¿En dónde está tu mami?
Aika alzó la mirada, sus ojos de color aguamarina observaron al grupo de sujetos, todos lucían intimidantes, pero a ella no parecía causarle ninguna reacción el hecho de estar rodeada de desconocidos. Ladeó su rostro, confundida, dejando de comer su fruta por un instante.
—¿Para qué quieren a mami? —preguntó, frunciendo ligeramente sus labios, odiaba cuando la interrumpían a la hora de comer.
—¿Para qué? —el tipo rio como un desquiciado, la niña lucía tan inocente y frágil, seguramente podría destrozarle el cuello con una mano y luego llevársela a su madre para mostrarle lo que pasaba cuando se metían con los Saikuron—. Ya vas a ver para qué, mocosa...
La pequeña volvió a comer su manzana, mientras el hombre se levantaba y caminaba hacia ella, Aika solamente lo ignoró. Cuando él estiró una de sus manos para alcanzarla, de la nada, un puñado de arena blanca apareció desde el suelo y lo mandó a volar lejos, azotándolo contra un árbol. Los otros nueve tipos vieron la escena con los ojos sumamente abiertos, esa niña ni siquiera se había movido, pero su compañero yacía desmayado varios metros más allá.
—¡Maldita niña! —gritó uno, lanzándole un kunai, pero éste fue desviado por una especie de latigazo hecho de arena, que apareció de la misma forma que la anterior. Los demás también trataron de atacarla con kunais y estrellas ninja, pero cada ataque era bloqueado, desviado y devuelto por la arena, mientras que Aika continuaba concentrada en su fruta.
—Esa niña es un monstruo...
—¡Vámonos! —después de que aquel sujeto gritara aterrado, todos trataron de huir despavoridos, entonces, la arena los pescó como si fueran enormes manos agarrando a un animal pequeño.
—No me gusta que me interrumpan mientras como —dijo Aika, frunciendo el ceño, mientras observaba a sus presas luchando por liberarse del agarre de la arena.
—¡Aika! —escuchó una voz conocida, entonces miró hacia su costado y la vio venir corriendo, era tan bonita como siempre, con su largo cabello castaño bajando por su espalda, sus ojos negros brillantes y su mirada llena de rudeza.
—¡Mami! —la niña corrió hasta su madre, abrazándola apenas ésta la alcanzó. Matsuri la miró frunciendo el ceño, su hija se había escapado de casa para ir a comer manzanas, siempre hacía eso cuando ella estaba ocupada con los asuntos de la aldea.
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Nunca Hubo Amor
RomanceGaara se ha enamorado de una kunoichi de otra aldea, pero las cosas no resultan como él quería y acaba sufriendo por el desamor. Matsuri, quién siempre lo ha amado, hará todo lo posible por curar su dolor, sin importarle salir lastimada en el proces...
