Advertencia: Lemon.
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Era casi medio día y Matsuri aún no llegaba para traerle los reportes de las misiones de los chûnin. Gaara comenzaba a fastidiarse, se suponía que hace media hora aquel asunto debía de estar ya finiquitado, para así proseguir con otros temas de mayor importancia. Seguro la regañaría apenas la viera, pues pensaba que ella se había quedado dormida demás. ¿Y cómo no? Si la noche anterior habían estado haciéndolo hasta casi el amanecer.
Bien, tenía que reconocerlo, parte de la culpa era suya, pero es que Matsuri lo seducía con su carita de niña buena y esas faldas ultra cortas que siempre usaba, era como si le dijera "ven, cógeme". Él no era capaz de decirle que no a eso, no importaba cuánto luchara.
Afuera de la torre del Kazekage, la castaña corría desesperada, trayendo un montón de papeles entre sus manos. Iba tan apurada y distraída que sin querer se chocó de bruces contra la espalda de Ittetsu, quién caminaba delante de ella con unas cajas en sus manos. Las cajas cayeron al suelo por el golpe, igual que los papeles.
—¡Oh, no! —exclamó la Kunoichi, aterrada ante la idea de ser regañada por su sensei y, tal vez, castigada. Rápidamente, se agachó para recoger los papeles, ya iba atrasada y esto sin duda la retrasaría más.
—Matsuri, cuánto lo lamento —Ittetsu se apresuró para ayudarla a levantar todo—. Llevaba unos informes viejos en esas cajas, qué bueno que no son importantes —comentó, mientras ayudaba a la pobre chica a recoger aquel desastre—. ¿Estos son para el Kazekage?
Matsuri asintió con la cabeza.
—Así es, Gaara-sama se enfadará si no se los entrego pronto —le respondió—. Es por ello que llevaba tanta prisa, lamento haberte empujado —dijo un poco avergonzada; es que a veces se pasaba de boba—. Lo siento mucho, Ittetsu.
—Oh, descuida, no estoy molesto —él le dedicó una radiante sonrisa, en lo que acababa de recoger el último informe del piso. Ambos se pusieron de pie, e Ittetsu le extendió el documento—. Últimamente has estado ocupada, ¿no? Te veo bastante seguido por aquí.
La castaña se sonrojó levemente, era cierto, pasaba más seguido que antes en esa oficina, eso era porque Gaara se inventaba cualquier excusa o trabajo para tenerla ahí, desde entregar unos informes, que revisar otros y, a veces, incluso la llamaba por nada. Lo que más disfrutaba el Kage, era tener sexo en la oficina; era todo un fetichista.
—B-bueno, sí, ya sabes todo lo que hay que hacer... —ella mintió, con una sonrisa nerviosa—. Bueno, debo irme, seguramente Gaara-sama me está esperando.
En el momento en el que ella iba a pasar de largo a su amigo, de pronto sintió como todo a su alrededor daba vueltas, como si de la nada el piso temblara, entonces cayó, casi desvaneciéndose, pero no llegó a tocar el suelo, pues el chico a su lado había alcanzado a cogerla entre sus brazos.
—Matsuri, ¿estás bien? —le preguntó el castaño. Ella lucía pálida, se sentía mareada, pero seguía consciente.
—Estoy bien... no fue nada, seguramente porque he dormido poco —le respondió, esperando un momento para ponerse de pie, pues seguía viendo todo borroso.
En ese instante, escuchó el tronar de unos dedos.
—Aléjate de ella... —la voz profunda de Gaara llenó sus oídos y cuando alzó la mirada, notó como sus ojos aguamarina no le quitaban la vista de encima a su compañero. El Kage estaba de pie junto a la puerta, furioso.
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—Gaara-sensei —le llamó por cuarta vez la castaña, mientras que él mantenía la vista fija en los papeles que ella le había traído.
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Nunca Hubo Amor
DragosteGaara se ha enamorado de una kunoichi de otra aldea, pero las cosas no resultan como él quería y acaba sufriendo por el desamor. Matsuri, quién siempre lo ha amado, hará todo lo posible por curar su dolor, sin importarle salir lastimada en el proces...
