Muerte

1.1K 56 114
                                        

Se suponía que este día iba a ser uno grandioso, después de volver finalmente de su luna de miel, lo correcto era que su esposo pasara tiempo con ella, pero, en lugar de ello, Gaara solamente estaba encerrado en su oficina, divagando sobre el hecho de que su ex alumna -aparentemente- había abandonado la aldea, ansioso por la llegada de sus Anbus para que le dieran razón de ella. Eran casi las siete de la tarde y Aoi había ido a buscar a Gaara, ya que él le había prometido llegar temprano, sin embargo, en cuanto su marido no se presentó, la rubia decidió ir a comprobar si todo estaba bien, era ahí que se había encontrado con la noticia de lo sucedido con Matsuri.

La razón por la cual Matsuri se había ido de la aldea era obvia para ella, era por Gaara, pero él... él había prometido que haría que su matrimonio funcionara, ¿entonces por qué perdía su tiempo en algo como esto?

—¿Gaara está en su oficina? —escuchó la voz de su cuñado, Kankuro, quién venía en compañía de su hermana Temari, ambos lucían serios, pero tranquilos, aunque se inquietaron un poco de verla a ella ahí.

—Sí, dice que está muy ocupado —respondió Aoi, estaba un poco cabreada por todo esto, no podía evitarlo, se sentía celosa de Matsuri, del afecto, la devoción y la preocupación que Gaara guardaba hacia ella.

—Aoi, ¿quieres que te lleve a casa? Parece ser que mi hermano estará aquí un par de horas más —le dijo Temari, teniendo en cuenta que no le hacía bien a su cuñada el estar en ese lugar, preocupándose demás por su hermano, cuando debía estar más pendiente de su salud y la de su bebé; ella lo entendía a la perfección al encontrarse en el mismo estado, aunque aún no era capaz de decírselo a sus hermanos.

—Sí, creo que es mejor —contestó la esposa del Kazekage, soltando un suspiro. Era cierto que últimamente se sentía más débil y somnolienta de lo normal, no sabía por qué, pero suponía que era un síntoma más de su embarazo. No iba a ganar nada con estar ahí, no importaba lo mucho que odiara la idea de ver a Gaara preocuparse por otra mujer, él no iba a estar tranquilo hasta que la encontrara, ella lo conocía y lo sabía a la perfección.

—Kankuro, luego me informas todo —avisó Temari, antes de alejarse en compañía de su cuñada, la cual no relajaba aquella expresión inquieta.

Mientras tanto, el castaño asintió con la cabeza y una vez que su hermana y su cuñada se alejaron, él dio dos golpes a la puerta de la oficina de Gaara, quién desde el interior le indicó que entrara. Kankuro ingresó a la oficina, su hermano estaba sentado en su silla, mirando las nubes en el cielo a través de la ventana, las cuales ya se habían puesto rojas. Llevaba todo el día esperando noticias de Matsuri, deseando ir él mismo en su búsqueda, aunque sabía que no podía hacerlo.

—Gaara —le llamó Kankuro, frunciendo ligeramente el ceño en cuanto el menor le observó con esa expresión casi desesperada en el rostro, aquella que nadie que lo conociera tan bien como él o Temari sería capaz de descifrar.

—¿Ya saben algo? —preguntó el pelirrojo, ni siquiera saludó, fue directo al grano, a lo único que le importaba.

—Sí —el mayor asintió con la cabeza, antes de soltar un hondo suspiro—. Los ninjas de la entrada dijeron que, efectivamente, Matsuri dijo salir en una misión, pero no se fue sola —el entrecejo fruncido de Gaara le comunicó casi de forma inmediata que no le iba a gustar nada lo que iba a oír—. Ittetsu, un ninja de clase Jouning fue junto a ella, ambos se fueron hacia Konoha.

—¿Ittetsu? —Gaara apretó los dientes y los puños al oír ese nombre, ¿ese idiota otra vez? ¿En qué demonios estaba pensando?

Se sentía furioso, incluso sabiendo que no tenía el derecho, que Matsuri tenía toda la libertad para rehacer su vida con quien ella quisiera, pero ¿tenía que ser ese estúpido?

Nunca Hubo AmorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora