¡Hola! Les saludo rápidamente para que pasen a leer, jajaja, pero antes una pequeña advertencia.
Advertencia: Contenido lemon, jojo.
Si las caricias y los besos mataran, seguramente ellos dos se estarían consumiendo entre las llamas del infierno en ese preciso instante, porque era lo que sentían, como si sus pieles se incendiaran cada vez que se tocaban el uno al otro.
Matsuri gimió en voz baja cuando Gaara acarició uno de sus senos, todavía cubierto por la tela de la blusa poco ajustada que llevaba puesta ese día. Al escucharla, el Kazekage se sintió sofocado, tenía años sin oír los encantadores gemidos de su ex alumna, esos que solían excitarlo tanto.
—Quiero oírlo de nuevo —susurró al oído de la chica, repartiendo varios besos húmedos sobre su cuello, en un momento como ese, nada más le importaba, ni siquiera preguntar qué había estado haciendo ella durante ese tiempo, todo lo que anhelaba ahora era hacer suya a Matsuri.
—N-no... —contestó ella, avergonzada. Estaba tratando de reprimirse, pero los besos que Gaara le daba inevitablemente le arrancaron otro gemido, entonces, el pelirrojo levantó su blusa y le descubrió el abdomen, en donde también repartió besos fogosos y apasionados, haciéndola retorcerse sobre el colchón.
Gaara estaba sorprendido de que el vientre de Matsuri continuara siendo pequeño y firme, aún después de llevar a un bebé ahí dentro, suponía que ella jamás dejó de entrenar y por eso había logrado recuperar su figura. Ahora que lo pensaba, le dolía imaginar lo sola que ella estuvo todo ese tiempo, pensando que él no la quería, que no quería a su hija tampoco, si él hubiera hecho las cosas bien, Matsuri no habría tenido que pasar por todo ese dolor.
Detuvo sus besos por un momento y se incorporó, mirando a los ojos de la castaña, la cual tenía el rostro completamente rojo y su respiración alterada.
—Matsuri... —la llamó, captando su atención—. Hay algo que quiero decirte, para eso te llamé, yo...
—No —lo interrumpió la chica, sentándose en la cama y callándolo con un beso corto—. Por favor, no digas nada, Gaara-sensei, no quiero que este momento se arruine.
Él entendió a la perfección lo que ella le quiso decir, porque se sentía del mismo modo, su cuerpo le exigía de forma casi animalesca que tomara a Matsuri y la hiciera su mujer, no quería echar a perder todo con palabras, ya tendrían todo el tiempo del mundo para hablar, ahora no era el momento.
—Claro... —contestó, devorando los labios ajenos en un beso hambriento y apasionado, en donde incluso su lengua tomó partido, luchando contra la de Matsuri. Mientras hacía aquello, alzó del todo la blusa de la chica y cortó el beso para retirarle la prenda por arriba, arrojándola a un lado de la cama.
Si a Matsuri le hubiesen dicho que al final de ese día, acabaría en la cama con Sabaku No Gaara, seguramente se habría reído en sus caras por tamaña ridiculez, sin embargo, esto era real, jodidamente real y no pensaba dejarlo pasar, no le importaba nada más. Gaara llevaba una remera sencilla ese día, así que a Matsuri no le fue difícil quitársela cuando volvieron a separar sus labios, después de otro beso fogoso. Su cuerpo era tal y como lo recordaba, su piel estaba ligeramente más tostada, pero eso lo hacía lucir aún más apuesto. Tenía el mismo abdomen de lavadero, los brazos fuertes y firmes, los pectorales bien formados y, vaya, esas clavículas pedían a gritos ser mordidas. ¿Acaso existía en el mundo un ser tan perfecto? Incluso si ella no tenía con quién compararlo, sabía que no, que no lo había, que su Kazekage era único.
Pasó sus dos manos descaradamente sobre el torso y abdomen de Gaara, quien se sentía estremecer ante el contacto; lo extrañaba tanto, extrañaba ese modo en que ella lo miraba, esos ojos sedientos de deseo por él, eran lo mejor que había visto en su vida. Estaba por decir algo, cuando notó que la chica se inclinaba hacia él, repartiendo un par de besos sobre su pecho, alrededor de sus clavículas y, luego, sobre su abdomen.
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Nunca Hubo Amor
Roman d'amourGaara se ha enamorado de una kunoichi de otra aldea, pero las cosas no resultan como él quería y acaba sufriendo por el desamor. Matsuri, quién siempre lo ha amado, hará todo lo posible por curar su dolor, sin importarle salir lastimada en el proces...
