Por esa razón Rusia lo suele despertarlo de forma pacífica.
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Despertar con un latino de mal humor no era algo que le agrade a ningún país. Eran conocidos por tener siempre una hermosa sonrisa y agradable personalidad que te relajaba de alguna manera, incluso te alegraba el día de sólo verlos, sin embargo, también eran conocidos por su fuerte carácter cuando se enojaban, algunos hasta parecía que tenían el mismo demonio dentro, y entre esos países estaba México.
Solía ser una persona fácil de provocar puesto que era alguien muy "explosivo" por llamarlo de alguna manera.
Por esa razón Rusia siempre se encargaba de despertarlo con cariño y así no recibir un golpe o una patada.
Con cariño le acariciaba la mejilla para llamarle la atención entre sueños, consiguiendo así un ceño fruncido de su parte.
-Mex...-llamó mientras le daba un casto beso en la frente.-ya salió el sol, despierta.
-¿Y que chingados quieres que haga? ¿Fotosíntesis o qué pedo?-la voz ronca y mal humorada del mexicano provocó una risa de parte del menor.
-No, pero tienes que desayunar.-respondió, destapando su cuerpo.
-Chinga a tu sovietico padre...-murmuró siendo cargado a la fuerza por el eslavo.