Se puede pasar mimando a Siria durante horas sin ningún problema.
Lo malo es que Siria es muy penoso para aceptarlos.
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Desde que había empezado su relación con Venezuela su vida se había vuelto cálida de algún modo que no sabía expresar.
Las constantes muestra de afecto de su parte lograban ponerlo nervioso hasta niveles inimaginables.
Y así es como se encontraba ahora.
Siria estaba entre las piernas del latino, con un sonrojo en el rostro y el ceño fruncido. Recibía besos y abrazos de su parte sin oportunidad de soltarse, aunque ni siquiera quería hacerlo realmente.
El venezolano le dio un fuerte abrazo después de depositar una caricia en su cabeza y un beso en su mejilla. Sus mejillas ardían ante la atención que recibía. No estaba nada acostumbrado a eso y no sabía cómo reaccionar .
Le era lindo pero también complicado el corresponderle si no sabía muy bien cómo hacerlo.
Unos labios estaban a punto de acercarse a los suyos, provocando así que actuara de forma automática y lo alejara al mismo tiempo que soltó un pequeño chillido de la sorpresa.
-¡No!
-Oww...-musitó con una pizca de decepción en su voz al no conseguir el beso que deseaba desde hace mucho tiempo. En su rostro dejó un puchero con carita de cachorro.
-¿Estas intentando manipularme con esa cara?
-Si, ¿funciona?
-No.
-Ahh...-se quedó en silencio mirando el más bajo, observando su rostro sonrosado.-¿te puedo seguir abrazando?
-¡Agh! Esta bien.-con cuidado y nervios abrazo al sudamericano por el cuello ocultando su rostro en el mismo lugar para evitar verlo.
-Ayy...te amo.-dijo, para después besar con mucho cariño su cabeza.