A veces Reino Unido suele tener sueños recordando momentos que tuvo con Argentina, antes de lo ocurrido en la guerra de las Malvinas.
Aunque cuando despierta se le olvida.
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-Él es mi hijo, el Virreinato del Río de Plata.-presentó con elegancia un español, que tenía de la mano a una pequeña colonia.
-No se parece mucho a Nueva España.-un inglés miraba con algo de fascinación a la pequeña colonia.
-Es normal, tuvieron a diferentes civilizaciones cada colonia, cada uno tiene diferentes historias.-acarició la cabellera blanca del pequeño que se ocultaba detrás de su pierna con miedo.
-Ya veo...-se agachó un poco a la altura del pequeño.-mucho gusto Río de Plata, me llamó Reino Unido.-extendió su mano esperando a que el otro respondiera.
-Mucho gusto...-susurró bajo, apenas audible para los adultos. Extendió su pequeña manita a la mano del británico para tocar aquella tela blanca y apretar su mano en un saludo.
La cara de la colonia se llenó de un color carmín al ver como el inglés cometía la acción de plantarle un pequeño y suave beso en su mano.
-Espero poder llevarnos bien...
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-Y está es la idea para mi escuadrón, Argentina ya aceptó ayudarme con su creación.-un inglés miraba al imponente Imperio ruso, esperando paciente una respuesta.
-De acuerdo, ¿pero te das cuenta que posiblemente recibas un ataque de Imperio Alemán si descubre lo que planeas hacer?-encarnó una ceja para ver con obviedad al inglés.
-Por esa razón lo haremos en sus tierras, él no está en estado de guerra.-comentó con seguridad.-aparte, no creo que se arriesgue a atacar a otro país.
-Y en dado caso que te apoye, ¿qué te hace pensar que no te va a traicionar?-dejó unos papeles frente la mesa que tenía.