-Hija, ¿donde estas?-preguntó al aire un alemán que pasaba por los pasillos de su casa en busca de su hija.
Ya tenía un rato buscandola por toda la planta baja y no la encontraba. Eso lo asustó y le obilgó a buscarla en el patio donde solía quedarse cada vez que estaba aburrida o deprimida. Cuando no la encontró, volvió a entrar en la casa para buscarla en la planta alta como último recurso, llamandola en alto para no entrar a su habitación.
-Aquí estoy papá.-la voz de su hija resonó por el pasillo.
Alemania volteo la vista a donde se escuchaba la voz de su hija, notando como esta estaba en el baño. Se acercó a la pequeña, entrando también al baño.
-¿Qué haces aquí?-preguntó al ver como su hija solo estaba mirando al espejo.
-Papá...-la pequeña volteó a verlo con sus ojos bicolor brillando con un briño infantil.
-¿Si...?
-¿Soy linda?
Alemania se quedó mirando a su hija unos segundos en silencio, sin dejar de ver ese brillo en sus ojos.
-Gretchen...-se agachó a la altura de la pequeña, mientras volteaba a ver el espejo, notando como su hija hacía lo mismo.-¡Eres hermosa!-soltó una risa al sentir como su hija se le aventó en un abrazo, ecuchando también unas risas por parte de ella.
-¡gracias papi!
-¡¡¡Ya llegué!!!
La voz de un chileno resonó por toda la casa, llamando la atención de las dos personas que estaban en el baño.
-Vamos con papá.-susurró a su hija.
-Sip.
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Gretchen es Margarita en alemán, y significa perla.
No estaba segura de dejarle ese nombre a la pequeña, pero como mi mamá se llama Margarita, pues se lo dejé.